Entre Nos

 

Por Carlos Santamaría Ochoa

Cuando no están los que deben

Siempre ha habido debate sobre quienes son las personas idóneas y autori-zadas para emitir opiniones sobre los tópicos en los que el ser humano intervie-ne: un buen sociólogo, politólogo, jurista, comunicador, economista o de alguna otra profesión, cuya capacidad sea reconocida por sus méritos, los que se miden en base a estándares que a veces no se entienden.

En el caso de los investigadores, muchos se ufanan por sus méritos aca-démicos y publicaciones: curioso es saber que la gente vale lo que publica y don-de lo hace: existen publicaciones que se denominan “arbitradas” y otras que se dicen “indexadas”, así como la mayoría de revistas científicas que no cuentan con esta clasificación investigadora, y por consiguiente, no son válidas para muchas

instancias oficiales, el Consejo Nacional para la Ciencia y Tecnología –ConacyT- entre ellos.

No es fácil acceder a estas publicaciones por diversos motivos que a veces no se entienden, pero que tienen que ver con la magnanimidad del desarrollo de relaciones humanas, lo que ubica a ciertas personas en la antesala de un buen ca-mino que les permita acceder a esos espacios.

Tiene mucho que ver, aunque se diga lo contrario.

Hay que pasar una serie de filtros y evaluaciones distintas en diversos nive-les para poder ser avalado y publicar; entonces, el investigador es más importante según el factor de impacto que tiene tanto la revista como sus publicaciones. Este factor tiene una forma de medición que habla de su reputación como tal: quien tiene un factor de impacto superior a otros se entiende que es un autor (autora) con capacidad para poder emitir opiniones muy válidas por la mayoría de la gen-te.

Aunque siempre es discutible, porque el proceso de publicación implica muchas cosas que se deben tomar en cuenta, entre otras, la investigación previa, es decir, la búsqueda de datos en otras fuentes de información, de otros autores que, al final, nos permiten tener una bibliografía validada por muchos y que sus-tenta o da peso al artículo de referencia.

Lo que no se alcanza a entender en muchas ocasiones es que existe gente muy capaz para emitir opiniones de temas de su especialización o influencia, y se

tiene cierto conflicto con hacerlos voz, porque para algunos indicadores no tie-nen el prestigio necesario, es decir, no cuentan con la cantidad de publicaciones que debieran, o porque otros investigadores no los han citado, que es una de las formas de medición más válidas: mientras más lo citan otras personas a uno, ad-quiere mayor relevancia, porque quiere decir que los escritos son interesantes e importantes para los demás.

Difícil, mucho, y quienes hemos incursionado en esto lo sabemos, porque no es precisamente lo más justo del mundo, ya que existen trabajos que llevan años de estudio y seguimiento, de recopilación de datos y a veces se logran mag-níficos resultados producto de diez o veinte años de paciencia.

Otros publican todo, hasta del por qué vuela una mosca, pero están en donde se permite este tipo de escritos, y su “valía” se incrementa porque lo hacen en forma mucho más periódica.

En ese sentido, surge la interrogante de si vale la pena estar dentro de un mundo muy especial donde se requiere además de tener talento, mucha paciencia para soportar todos los trámites y gestiones burocráticas que se puedan superar, y entonces, lograr esas publicaciones que nos hacen ser lo que para ellos somos.

Los libros, por ejemplo, deben ser publicados por editoriales de prestigio, aunque a decir verdad, no conocemos una editorial cuya producción sea cien por ciento prestigiosa: todas han tenido publicaciones excelsas, buenas, regulares y una que otra con una total carencia de calidad, aunque eso no tenga que ver con

su generalidad, pero no todo lo que brilla en la mina es oro, dirían los gambusi-nos.

El caso es que hay que ponerse las pilas y encontrar el conocimiento, pero más importante que ello, buscar donde pueda tener impacto mediático o infor-mativo, que tristemente, es lo que más vale.

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