Opinión Económica ... Conclusiones sobre desigualdad España México

Por Dr. Jorge Alfredo Lera Mejía y Dr. José Luis Peña Alonso

Como he estado publicando desde principios de este año, tuve el honor de celebrar una Estancia de movilidad posdoctoral, en la Universidad de Burgos (UBU) España, para llevar a cabo el Ensayo sobre la “Desigualdad entre España y México para proponer una política fiscal comunitaria” en favor de atacar de raíz la pobreza y el desempleo, de acuerdo a las teorías del economista francés Thomas Pikkety, autor del Libro “El capital en el Siglo XXI, 2014”.

Desde esta columna de Opinión Económica, mi profundo agradecimiento al Dr. José Luis Peña Alonso, Vicerrector de Economía y Relaciones con la Empresa de la UBU, por su asesoría y tutoría para el desarrollo de esta investigación binacional, que elaboramos en coautoría.

La conclusión principal que abordó Thomas Pikety respecto a la desigualdad, es que a partir de 1980, la gráfica de concentración del ingreso hace una “u”, y los rendimientos del capital se han vuelto inalcanzables para los asalariados, como ocurría en el siglo xix. “Si se prolonga la tendencia actual hacia 2040 o 2050 las desigualdades serán insostenibles”. ¿Qué propone Piketty para cerrar la brecha? Una medida tan sencilla como polémica: gravar no solamente los ingresos sino el patrimonio. En sus propuestas Piketty opina que: “Creo que necesitamos, al mismo tiempo, un impuesto progresivo sobre el ingreso y un impuesto progresivo sobre las herencias y el patrimonio”.

En México la estructura impositiva mexicana fundamentalmente está apoyada por et Impuesto Sobre la Renta (ISR), el cual está basado sobre el ingreso de las personas y entidades, pero, desde la década de los ochenta del siglo pasado, la estructura del ISR presenta serias limitaciones en términos de tasas proporcionales y tarifas progresivas, lo que desalienta la competitividad y el desarrollo económico de las personas y empresas, los que subsisten a pesar de la expedición de dos “modernas leyes” en esta materia, las cuales además de otorgar “tratamientos preferenciales” en la carga tributaria —en donde incluso los conceptos de herencia o donaciones, a que alude el trabajo de Piketty gozan de ese privilegio fiscal—, algunos de ellos resultaban incompatibles con el proceso de modernización y apertura económica del país, no obstante que inclusive se han recogido e incorporado diversas recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Por ello, sin duda, el texto de este economista francés abrirá en México el debate de gravar en materia del ISR —en forma diversa a la actual— las herencia o donaciones, debido a que presenta evidencia muy convincente de que éstas son una fuente que tiende a perpetuar e incrementar, bajo ciertas circunstancias, los niveles de desigualdad de la riqueza y el ingreso de las personas, en alguna forma.

Si bien es cierto que en México se han diseñado después del nacimiento del ISR impuestos complementarios a éste, para muchos efectos tributarios, pero casi todos circunscritos a incrementar la recaudación y con efectos únicamente en las utilidades o los bienes destinados a las actividades productivas para sufragar el gasto público, siendo los más recientes el denominado impuesto al activo de las empresas (IMPAC) y una especie de flat tax bautizado como impuesto empresarial a tasa única (IETU), así como un impuesto a los depósitos en efectivo (IDE).

No menos cierto es que no se ha diseñado algún gravamen para combatir la riqueza o fortunas Improductivas (como serían por ejemplo, obras de arte privadas, antigüedades, piezas arqueológicas privadas, haciendas, vehículos de lujo, joyas, entre otros) que han pasado de generación en generación familiar que han acrecentado la desigualdad, la pobreza y el decremento económico en nuestro país. Por ello, la trascendencia de la obra de Piketty es que reabre el polémico debate de establecer un impuesto a los ricos o mejor dicho a las fortunas de éstos.

En el caso español, el Impuesto sobre la Renta a Personas Físicas (IRPF) se muestra que es progresivo y redistributivo en su conjunto. Entre 2007 y 2009 la desigualdad de la renta antes de pagar el IRPF es mucho menor en el grupo de declarantes cuya renta procede fundamentalmente del trabajo que en el resto de contribuyentes (Badenes Plá & Labeaga Azcona, 2013).

Este colectivo es al mismo tiempo el de mayor peso en el conjunto, lo que hace que lo que ocurra con ellos condicione en gran medida los resultados sobre el total. Si se desagrega el análisis por grupos, dada la importancia de las rentas laborales en el conjunto total de rentas, el impuesto sobre la renta genera un efecto de disminución de la desigualdad para todos los tipos de renta, y el efecto redistributivo (medido por el Índice de Reynolds-Smolensky) es mayor para los declarantes cuya renta procede fundamentalmente del trabajo que para el resto.

El impuesto sobre la renta se muestra progresivo (medido por el Índice de Kakwani) para cualquier grupo de rentas considerado (por separado y para el conjunto), y la progresividad, al igual que el efecto redistributivo, es mayor sobre los declarantes cuya renta procede fundamentalmente del trabajo.

En general para España, México y el resto del mundo, en cuanto a los impuestos, Thomas Piketty es claro en las recomendaciones fiscales para disminuir la desigualdad en lo futuro. Establece, en un primer momento, que no es un problema técnico sino político y filosófico. Los gobiernos tienen, por regla general, tres tipos de impuestos: al trabajo, al capital y al consumo. Reconoce que gravar el consumo afecta principalmente a los más pobres, en virtud de que es un impuesto “proporcional”: todos pagan el mismo impuesto independientemente de su riqueza, y no “progresivo”, que depende del ingreso de cada quien. En cambio, el impuesto progresivo, al trabajo y capital (así como leyes con relación a la herencia, que fomenten la meritocracia y desincentiven a los “rentistas”), tiene un efecto redistributivo. Por ello, propone continuar e incrementar el impuesto progresivo y subir las tasas para aquellos que tienen un ingreso y/o riqueza claramente excesivos.

Concluye Piketty que […] es necesario un impuesto de patrimonio europeo (España) y americano (México), “para que paguen más los que más tienen” y que tan solo una fiscalidad progresiva, acompañada de crecimiento, “es lo único que va a permitir financiar infraestructuras, sanidad o educación”. Aquí fue donde matizó su propuesta de un impuesto del 80% para aquellas personas que ganen más de un millón de dólares (México y Estados Unidos) o un millón de euros (España y Europa), incluida en su libro El Capital en el Siglo XXI. “Se trata de que paguen algo y no es descartable que en algunos casos lleguen al 80%. Mi libro estudia la historia de la imposición en EUA en 50 años quiénes ganaban más de un millón de dólares pagaban ese tipo y en ningún caso parece que se haya destruido el capitalismo” (Molina, 2015).

Por lo anterior, se abre el debate para que el gobiernos de España y el de México estudien en el corto plazo establecer este impuesto confiscatorio y que deje de ser ideal o utópico, para pasar a ser real la fiscalización al rico patrimonial, bajo una “política fiscal comunitaria”, si se quiere ver disminuidos en el mediano plazo la pobreza, el desempleo y la desigualdad.

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