Entre Nos ... El agua todo lo puede

Por Carlos Santamaría Ochoa

Entre Nos … El agua todo lo puede … Para la gente del campo, el que llueva es una enorme bendición: las tierras cuentan con suficiente humedad como para poder sembrar: los prados se llenan de pastizales que son aprovechados por el ganado, y a los que vivimos en la ciudad nos causa enorme asombro el ver que pasamos y disfrutamos de hermosísimos paisajes.

Hace años, decía el doctor Daniel Llanas, endocrinólogo pediatra en una charla a los niños del Hospital Infantil que pertenecían a la clínica de diabetes, que tomaran mucho agua en sus días de vida, y ponía el ejemplo de una tubería con miel y otra con agua, donde por lógica, corría mejor el agua por la misma que la miel; ejemplificaba lo que sucedía en el organismo y decía que el tener suficientes líquidos ayudaba a mejorar nuestros controles de glucosa. Totalmente cierto.

También, cuando las lesiones importantes en extremidades inferiores y otras partes del cuerpo, durante la etapa de deportista de alto rendimiento y de distraído profesor universitario, el agua ha constituido la mejor manera de rehabilitación: nadar suele ser el mejor ejercicio para el organismo, y la verdad es que los resultados están ahí: una rehabilitación que roza el 99 por ciento, es decir, total.

Y en todo juega un papel fundamental: las civilizaciones cuentan con suficiente líquido y viven en paz. Recordamos aquel absurdo pleito entre autoridades de Nuevo León y Tamaulipas por la presa “El Cuchillo” y la guerra por decir “esta agua es mía” y que no llevó a nada.

También, recordamos al inolvidable Américo Villarreal Guerra, gobernador de Tamaulipas (+) y su magnífica obra: el acueducto de la presa “Vicente Guerrero” a nuestra ciudad que erradicó de tajo los enormes problemas que teníamos por la falta del vital líquido y la presencia de un infernal calor.

El asunto es que siempre que hay agua hay paz, hay armonía y hay suficiente tranquilidad. El campo lo sabe, porque es el fiel testigo de la benevolencia de la naturaleza hacia los demás, pese a que a diario le agredimos con suficientes acciones contaminantes y más.

Es, pues, el agua, uno de los recursos vitales no para el ser humano sino para la humanidad entera.

Los fotógrafos luchamos por imprimir placas donde esté presente: marinas, ríos, cascadas e inclusive una calle empedrada recién mojada por la lluvia constituyen la delicia de nuestros paisajes y vistas panorámicas y de otra índole.

Nos bautizan con agua porque tiene un significado muy especial.

Y en estos días de septiembre, cuando comienzan a hacerse presentes las lluvias torrenciales, nos quejamos porque vivimos en medio de charcos y congestionamientos viales causados por la falta de una adecuada vialidad, propiciada por el deficiente servicio de alcantarillado con que cuenta nuestra hermosa y querida ciudad.

Sin embargo, hay quien hace un uso desmedido e irresponsable del agua y la desperdicia como si hubiera una fábrica del líquido. Es un recurso natural y en ciertas etapas no tenemos suficiente para todos.

Necesario se hace cuidar el recurso y pensar que no somos los únicos en el mundo, menos en Victoria donde todos llegamos a pensar que la sociedad nos debe algo: mentira: somos tan importantes como cualquiera de cualquier profesión.

Y como tales, necesitamos el líquido.

Es tiempo entonces de cuidar el recurso; ya se concluye en breve el acueducto del acuaférico, obra del gobierno estatal que nos ahorrará muchos problemas. Ya hace falta pensar en la segunda etapa del acueducto de la presa, como estuvo programado cuando Américo Villarreal Guerra nos entregó la obra.

Ya es tiempo, entonces, de aprender la valía del agua y cuidarla como lo que es, antes de que tengamos que lamentarnos por tanto desperdicio de años pasados.

Aún estamos a tiempo, y si todos participamos, mucho hemos de lograr.

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