Entre Nos ... Darse a los demás

Por Carlos Santamaría Ochoa

La verdad es que el darse a los demás es una virtud que muy poca gente tiene: no existe una cultura de colaboración hacia los demás tan extendida en nuestra comunidad, y nos cuesta mucho trabajo entregar tiempo, esfuerzo y recursos de cualquier tipo para beneficio de quienes nos rodean.

En ese sentido, los grupos altruistas y organizaciones no gubernamentales tienen un alto valor social, por la naturaleza de sus actos que los llevan precisamente a dar algo de lo que los demás carecen, en bien de una mejor calidad de vida.

El ámbito de la salud tiene una repercusión inmediata y enorme en ese sentido: no cualquiera puede o quiere apoyarse para ayudar a los demás. recordamos grupos como Cáritas que, en todo el mundo, trata de hacer el bien con entregas de diverso tipo, entre ellos, el de medicamentos a quienes realmente necesitan un apoyo para conservar la salud, y no tienen los recursos suficientes para adquirir una caja de medicinas que, dicho sea con objetividad, están inalcanzables para la mayoría de la población.

Es en ese tenor que se valora el esfuerzo de quienes, en forma desinteresada, tienen intención de ayudar a los demás: algunos, con recursos económicos o materiales, y otros, con el esfuerzo y trabajo personal, en la medida que sus capacidades, talento y tiempo les permiten.

Hay quienes dejan a un lado cualquier cosa con tal de atender las necesidades de los demás, y se entregan en una acción que bien se valora por su trascendencia.

Es como nace el altruismo, virtud que poca gente desarrolla y que muy poca valora, pero que deja imborrables huellas en muchos de nosotros, ya sea porque lo entregamos, o porque recibimos de gente que gusta de servir.

En Victoria ha habido gente que, fiel a la enseñanza de la Biblia, hace el bien a otros sin necesitar difundirlo; “que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”, y bajo ese pensamiento hermoso se manejan en su devenir por la vida propia y de la comunidad.

Ocasionalmente hay quien hace el bien pero espera el reconocimiento, llevando su esfuerzo al despeñadero, donde se pierde la buena voluntad ante la necesidad de reconocimiento y búsqueda del mismo.

Hay quienes hacen una buena acción y pagan por su difusión, para que la gente sepa lo buenos que son. Así no funciona: no se vale, pues.

En ese sentido, encontramos dentro de la administración pública a personas que desarrollan actividades en las que hay beneficio para muchos, sin embargo, en otros casos, quienes hacen las cosas para salir en la foto, como coloquialmente se dice: es más importante la fotografía que la acción por sí misma.

Es donde se pierde mucho de la intención que se busca.

Y cuando logramos encontrar a esa gente que gusta de servir a los demás, es digno de mencionarse, pero a ellos n les gusta que se haga, porque son de la idea de que hay que trabajar por los demás y no por un reconocimiento.

Entendemos que a todo mundo nos gusta que nos digan que estamos actuando bien, pero eso debe ser la motivación personal para seguir ayudando, y no la base para hacer el bien a los demás.

El mundo necesita de sus integrantes, de sus seres vivientes para apoyarse y apoyarnos entre todos. En los grupos de enfermos de alguna situación en particular resulta muy interesante ver que alguien nos quiere o puede ayudar.  Es ahí donde surge la recompensa: el agradecimiento de los demás.

Hace unos días, un maravilloso ser tuvo su recompensa en un correo electrónico pleno de agradecimiento y bendiciones. Nadie supo ni el remitente ni el destinatario, pero seguros estamos que esa persona ha tenido su mejor “paga”, al encontrar en esas palabras el aliciente para seguir haciendo las cosas por amor a los demás, con vocación, inteligencia y capacidad humana.

Es lo que nos hace falta a los seres humanos hoy en día, sin lugar a dudas.

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