Entre Nos ... Falta de pericia… y de decencia

Por Carlos Santamaría Ochoa

Entre Nos … Falta de pericia… y de decencia … No cabe duda, la gente que carece de educación de cualquier tipo es un estorbo en la sociedad que reclama diariamente el concurso de todos sus elementos. Los habitantes de cada núcleo social debemos entender que todos necesitamos de todos, y no existe nadie más importante: somos los seres humanos, en la medida de nuestra posibilidad, profesión, actividad y desarrollo, iguales en todos sentidos.

Atrás quedaron esos tiempos en que existían quienes consideraban ser de sangre azul o nobles. No existe tal, no en Victoria, donde a pesar de que muchos se sienten ungidos por el mismo Dios, tienen la misma valía que cualquiera de los demás, como decía una connotada investigadora, “de pelito gris”, refiriéndose a los que transitamos por una vida normal, lejos de vanalidades VIP y esas cosas que sirven de nada a quienes vivimos tranquilamente, y son fundamentales para esos presumidos, torpes y mal educados que pululan por nuestras calles.

Y en ese grupo circulan los que conducen vehículos modernos, que están con pagos vencidos porque no tienen ni para eso, pero se pasean en un automóvil de modelo 2014 o 2015, y sienten que valen por su carro y no por su intelecto, que si eso fuera, no valdrían nada.

Es la avenida Francisco I. Madero el termómetro de los torpes y faltos de educación. Es bastante molesto tener que soportar que pase un vehículo conducido por uno de esos acomplejados con sentimiento de nobles, y que no tienen una mínima idea de lo que mide su vehículo, y se llevan de encuentro los espejos retrovisores de quienes nos hemos estacionado adecuadamente.

Son tan deficientes en sus razonamientos que no alcanzan a comprender que hacen daño a los demás, y son esos los que obstruyen fuera de las escuelas, en los supermercados y cualquier parte estacionados en doble o triple fila, con su estúpido pretexto de “haber puesto los flahshers”, o las luces de estacionamiento, creyendo que con eso tienen patente de corso para violentar la convivencia armónica. Son esos animales que aparentemente son homo sapiens, llenos de complejos tales que piensan que los vehículos que manejan son tan anchos como su ego o su complejo de superioridad inferior. Explicamos: se sienten tan inferiores –y realmente lo son- que quieren demostrar auto suficiencia, prepotencia, seguridad que no tienen y más agravantes. Afectan a la sociedad misma con su sola presencia, más con sus acciones torpes y faltas de pericia.

El arrancar un espejo a un automovilista es jugar con la integridad de muchos, porque resta visibilidad a quien se queda sin ese recurso. Ellos, torpes como son, no requieren de espejos porque no tienen idea para qué sirven. Son tan deficientes que no calculan el daño que hacen a los demás, y en un espíritu característico de ese grupo, no se detienen a hacerse cargo del daño ocasionado.

Huyen como cobardes y retrógradas que son, porque su cerebrito no les da para más. Esos son los elementos que debieran juntarse en un solo sitio y encerrarse en un corral para que no salgan a hacer daño socia ni de otra índole.

El columnista está molesto porque tiene que enfrentar pagos por una consecuencia de la estupidez ciudadana de alguien que no respetó la línea de la calle, la velocidad ni nada que parezca congruente con el respeto a los demás.

Está muy molesto porque el vehículo huyó como buen cobarde que es, y le importó más que un comino el daño que hiciera.

Lo bueno es que fueron cosas materiales… hay que pensar qué hubiera hecho esa bestia de conductor si hubiera llevado en el viaje a una persona.

Porque su intelecto no les da para entender que tienen que hacerse cargo de sus asuntos, y responsabilizarse de ellos en la medida que deben. Nadie tuviera que pagar la tontería de esos individuos, porque no se les puede llamar “personas”: seguramente no alcanzan a¡esa definición.

Lo que procede es esperar de las autoridades una mayor vigilancia y que endurezcan los criterios para sacar las licencias de conducir, porque hoy en día cualquier animal con un poquito de “feria” compra un carrito y lo circula sin placas, en la total ilegalidad, con su estúpida forma de conducir y falta de pericia, ante la complacencia oficial.

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