Entre Nos ... Defender lo indefendible

Por Carlos Santamaría Ochoa

Entre Nos …  Defender lo indefendible … Den una clase de periodismo, hablábamos a los muchachos estudiantes de la Universidad Autónoma de Tamaulipas acerca de la ética periodística y la forma en que uno se maneja y expresa; decíamos en aquel entonces que el periodista debe ser imparcial al cien por ciento, sin embargo, no existe la imparcialidad dentro de lo que escribimos.

El viernes por la noche el animador de televisión Adolfo Díaz –Rufo-, quien presta sus servicios en Milenio TV cargó contra el equipo Cruz Azul y la periodista Minelly Atayde, compañera de emisión. Fue tal la burla a Cruz Azul por lo que ha sucedido en los últimos años que ofendía inclusive a quienes nada tenemos que ver con el equipo cementero.

Así sucede con los simpatizantes de un partido de izquierda: siempre el PRI hace trampa y hace todo mal; por el contrario, para el PRI, los de izquierda son negativos en todo lo que hacen. No se diga el PAN, que cuando ganan, hubo perfecta democracia, pero cuando pierden se fraguó un fraude.

En ese tiempo expusimos el presente ejemplo futbolero: “A ver, el marcador: México 8, Canadá 1; el resultado, ¿fue bueno o malo?”

Un estudiante dijo: “¡Excelente!”, a lo que le respondimos: “pregunta a los canadienses si fue bueno el resultado”.

Lo que quisimos ejemplificar es que siempre hay dos versiones de la historia y la misma es escrita por lo general por los vencedores.

De la conquista de América y el descubrimiento hay gente que alaba la labor de Cortés y de Colón respectivamente, y quienes les critican fuertemente.

En todo hay esas versiones.

Valga lo anterior para explicar el fenómeno vivido hace unos días, cuando gente sin escrúpulos defiende a otra gente sin escrúpulos: se olvidaron de los miles de fraudes cometidos, de las triquiñuelas para perjudicar a terceros en su trabajo y funciones, y la forma en que abusan de su autoridad y disponen de recursos oficiales; también se olvidan que los puestos e instituciones no son patrimonio familiar y siguen endilgando en las nóminas a cuanto pariente pueden, con el cinismo de ubicar también a los familiares de sus amores ajenos al matrimonio.

Todo eso se presenta en los que están siendo afectados por disposiciones oficiales que pretenden poner orden y afectan a estos tramposos. Ellos sienten que es una injusticia el que les quiten lo que “honestamente” disponen después de tantos años de “servir a la institución”, cuando la verdad es que se han servido ante todo.

Están ricos, tienen su futuro resuelto, el de sus familiares y sus hijos, y siguen escalando, a base de politiquería barata, cargos y puestos,  mareando de una forma burda a quienes toman decisiones para que no les muevan.

Son tramposos y corrientes en toda la extensión de la palabra.

Pero cuando les tocan sus intereses, olvidan que han dispuesto de recursos humanos para remodelar sus bienes inmuebles y para sus negocios, olvidan que han dispuesto de horarios de trabajo para sus cómplices y familiares. Olvidan que la honestidad sale a flote igual que la podredumbre que han sembrado a lo largo del tiempo.

Y se espantan ahora que les quieren poner en orden.

Claro, el columnista también recibe amenazas de estos bribones y está preocupado por su integridad y la de sus familiares. Todo mundo sabe la clase de facinerosos que son, y ponemos en la mesa la denuncia correspondiente.

Es tiempo de que dejen de disponer de bienes ajenos y perjudicar a quienes no se doblegan a sus caprichos. Deberían valorar el trabajo de los que lo saben hacer, porque, si fueran un poco inteligentes, sabrían que gracias a esas personas tienen lo que tienen, ya que son quienes dan brillo a sus posiciones sin pedir nada a cambio, mas que el respeto a sus puestos y plazas laborales.

Ojalá haya orden y se vayan por donde llegaron. Y que nadie les traicione como hicieron cuando tomaron el poder.

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