Opinión Económica ... Populismo Vs Elitismo extremo mexicano

Por Dr. Jorge Alfredo Lera Mejía

El presidente Enrique Peña Nieto, seguramente asesorado por algunos de sus asistentes, ha manifestado recientemente palabras contra el llamado “populismo”. Claramente abordó este tema el 2 de septiembre en su discurso motivado por el tercer informe de gobierno, donde dijo que “de manera abierta o velada, la demagogia y el populismo erosionan la confianza de la población y fomentan el odio en contra de instituciones o comunidades enteras”.

Apenas hace dos días ante la 70º Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, volvió a criticar su concepción de populismo al anotar que “con las crecientes desigualdades, una crisis económica mundial que no cede, y con una frustración social, el mundo de hoy está expuesto a la amenaza de los nuevos populismos. Populismos de izquierda y de derecha, pero todos riesgosos por igual”. De acuerdo con el mandatario mexicano, el siglo XX fue testigo de lo que gobiernos con dichas políticas causaron en sus sociedades, por lo que confió en que las formas de gobierno predominantes en el mundo sigan una línea similar a las determinadas por las Naciones Unidas.

Sin embargo, en México el Estado mexicano se ha vuelto en un promotor callado de la desigualdad, violencia estructural y poder político corrupto. La clase política cada vez toma mayor distancia de la población común, convirtiendo el aparato de Estado en un espacio privilegiado para el enriquecimiento y definición de los intereses de las élites económicas. El estado mexicano posee estructuras corrompidas, más allá de las personas y de los partidos que lo ocupen.

En dos de mis columnas de Opinión Económica, trate el tema de los salarios de la alta burocracia elitista, donde debemos reconocer que en México se conforma así una casta gobernante que al margen de la ideología, partido político o rango al interior del Estado aprovecha que el 70% del gasto corriente es destinado a salarios.

Esto se agrava en un país marcado por la extrema desigualdad. Según la CEPAL, la concentración de ingreso hace de México uno de los países más desiguales de Latinoamérica, situación indignante cuando la función pública es altamente remunerada, pero además se utiliza para el enriquecimiento personal y de las élites del país.

La alta burocracia es la que mayores beneficios obtienen del sistema. Por ejemplo, un ministro de la Suprema Corte de Justicia percibe, más de 10 mil pesos al día. En perspectiva, un jornalero de San Quintín, Baja California, situado en una realidad de condiciones de semiesclavitud al laborar jornadas de 12 horas por 100 pesos el día, requería trabajar más de siete años de forma ininterrumpida para obtener el ingreso mensual de un ministro de la Corte.

Por lo anterior, es claro que para abordar las críticas presidenciales al populismo, también se debe anotar la contra cara del populismo gobernante, que es el “elitismo”, que desde hace varias décadas ha sido la forma de gobierno que en México se aplica a la par del neoliberalismo.

Aquí incluiré algunas concepciones del tema. El “populismo” es una adulteración de la democracia. Lo que el populista busca es establecer un vínculo directo con el pueblo, por encima, al margen o en contra de las instituciones, las libertades y las leyes. La iniciativa no parte del pueblo sino del líder carismático que define a “el pueblo” como una amalgama social opuesta al “no pueblo”. El líder es el agente primordial del populismo. No hay populismo sin la figura del personaje providencial que supuestamente resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo.

En contraparte, las “élites”, son en lenguaje común, aquellos que eligen sobre aquellos que no eligen. O bien, aquellos que tienen más poder de elección que otros. Y en este sentido, un término aún más propio para los individuos que conforman los primeros grupos del párrafo anterior no es solamente sino “élite del poder”. Así llegamos a la definición de “elitismo”, como la creencia o actitud que consiste en sostener que aquellos que son considerados como la élite -un selecto grupo de personas con notables habilidades personales, riqueza, experiencia, u otros atributos distintivos- son las personas cuyas opiniones deberían ser tomadas más en serio.

Este grupo de personas serían las más adecuadas para gobernar pues sus acciones y pensamiento serían los más constructivos. El término elitismo también puede ser utilizado para describir una situación en la cual una élite goza de privilegios o tiene más poder que el resto de los miembros de la sociedad. Se refiere a una situación de hecho, pero no institucional, ya que si lo fuera sería una oligarquía (Grupos de Poder o de Facto). El término a menudo se utiliza peyorativamente para describir una actitud generalizada de arrogancia o rechazo respecto a la opinión pública en general (la meritocracia, un tipo especial de elitismo, normalmente no tiene estas connotaciones).

Una vez descritos estos conceptos, llegamos a concluir que en México se ha perdido la noción objetiva de las cosas, y se llegó a una clara tendencia a confundir el viejo “populismo” de las décadas de los años 80, con la necesidad actual de recuperar el poder adquisitivo de la mayoría de mexicanos que viven en pobreza y extrema pobreza, no solo con homologar el salario mínimo en 70.10 pesos diarios. Decir que al exigir que los salarios superen la línea de pobreza es una medida populista, es precisamente caer en concepciones “elitistas” que dominan las actuales corrientes neoliberales de nuestros gobernantes.

Por ello ayer los diputados de la oposición (PAN y PRD), reclamaron el discurso que el presidente Enrique Peña Nieto pronunció en la ONU sobre los riesgos del populismo. El coordinador de la bancada blanquiazul, Marko Cortés, consideró que es incongruente que el priista alerte sobre el fenómeno y al mismo tiempo regale televisiones. “Es irónico el mensaje del gobierno de la República en la ONU, porque por un lado regalan pantallas planas y por otra lado critican el populismo, no hace sentido”, resaltó.

Por su parte, Jesús Zambrano, presidente de la Cámara baja, consideró que el populismo no es el problema, sino las causas que generan esas manifestaciones políticas. “El problema es la situación que se vive por la mayoría de la gente, la insuficiencia para tener una mejor calidad de vida y la insatisfacción de una parte muy alta de la sociedad mexicana con esta democracia que vivimos. Con todo respeto para el Presidente de la República, pero el problema no es el populismo, ni de izquierda ni de derecha, el problema o los problemas son las causas que generan este tipo de discursos populistas, como se le ha dado en llamar”, dijo el perredista.

Concluyo aquí opinando que, estos discursos solamente son una distracción ante los problemas reales que seguimos atravesando en México, con el asunto inconcluso de Ayotzinapa, la galopante corrupción, fuga del Chapo, la crisis del peso y del petróleo, el presupuesto base cero, la alta desigualdad, desempleo, la pobreza del sur de México, las empresas elitistas, la inseguridad, el endeudamiento, entre otros muchos pasivos de nuestro gobierno.

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