Entre Nos ... Envejecer con dignidad

Envejecer con dignidad

 

Entre Nos … Envejecer con dignidad … Muy difícil resulta llegar a viejo y no tener forma de subsistir dignamente. Viejo, el término se emplea no en sentido peyorativo, sino en el real, propio, en el que todos tenemos que entender que llegamos a cierta edad en que las capacidades disminuyen y no somos los mismos.

Aquí cobra vigencia aquel dicho que reza: “no es lo mismo los Tres Mosqueteros que veinte años después”, y aplica muy bien en tiempos que tenemos ya presentes.

Europa es un continente viejo: Madrid es un ejemplo claro de ello. Por sus calles circulan infinidad de jóvenes aún veraniegos y veraniegas, con ropas ligeras y sus mochilas al hombro, incomunicados con una hermosa sociedad, y enajenados con un aparato celular que absorbe toda tu atención y los estupidiza, al igual que gente de otros grupos de edad.

En los transportes públicos es otro panorama: el 90 por ciento de la gente que los utiliza son mayores de 60 años: los viejos que suben en silla de ruedas, con bastón o andadores, a paso lento, pero en su mayoría, gente de la tercera edad.

Y es una triste realidad, vamos todos para allá, aunque tiene sus partes interesantes, porque nos convertimos totalmente: de ser aquellos alocados adolescentes, impetuosos muchachos y visionarios hombres de empresa o de estudio, nos transformamos en personas con experiencia y queremos hacer mucho de lo que no pudimos de noveles, ahora que los calendarios nos hacen peso de más.

No somos viejos, porque la vejez se lleva en la mente más que en el cuerpo, pero hay que prepararse para lo que viene, y sentimos que en Europa hay una cultura de respeto a los ancianos, aunque no se tiene la infraestructura necesaria; hay que imaginar si ellos no la tienen, qué podemos esperar de un México que vive en recesión, crisis de credibilidad política y social y una serie de problemas que no nos dejan pensar en ello.

Es aquí donde surge esa especialidad médica: la tanatología, que no es más que aprender a tratar a los viejos, a los abuelitos, nuestros queridos ancianos.

Y no nos gusta el panorama que hemos vislumbrado en Madrid, donde la gente mayor es la que anda en sus calles, sus bares y terrazas, y fuera de los turistas, vemos una sociedad convertida en vieja, porque hay pocos jóvenes en relación con la población que circula.

Habrá que estudiar los censos correspondientes, para saber si se tiene una población  mayor.

En ese sentido, suponemos que México ha cambiado su pirámide poblacional y de ser una nación extremadamente joven, nos hemos convertido en un país con viejos, muchos viejos, y aquí cabe aquel comentario que hacía un muy buen amigo y compañero de “café” en las mañanas: “Oye, y los viejitos que venían al café, ya no vienen…¿Qué les habrá pasado?”, a lo que contesta su interlocutor: “Hey, ¿Qué no te has dado cuenta que ahora los viejitos somos nosotros?

Todos vamos para ese camino y tenemos que aprender a vivir con las limitantes propias, pero con la dignidad y el respeto que se merece una persona que ha vivido mucho. No se vale tener arrumbado al viejito en un asilo, en un sitio, olvidado de la familia y de todos. Tenemos que aprender a valorar a esa gente de experiencia.

Valdría la pena tomar la experiencia de países orientales, porque en ese sentido, hay un gran respeto para los viejos.

Fuera de todo alcance y lógica los comentarios de aquellos muchachos que critican a quien ha cruzado ya quinta o sexta década de existencia: los menosprecian y más. No es por ahí, porque todos somos importantes y merecemos el mismo respeto.

Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

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