Hipódromo Político ... Everardo: Bajo las enaguas

Por Carlos G. Cortés García

Para nadie es un secreto que cuando los políticos dejan el poder, la falta de reflectores los afecta emocionalmente. A muchos les sucede ese síndrome. A algunos no, los menos, dependiendo de la madurez y estabilidad emocional de cada sujeto.

Pero a muchos de ellos, les hace crisis, por no decir que los vuelve locos y buscan a como dé lugar que los volteen a ver y los escuchen. En fin, para los políticos que se ganan el ostracismo por un mal desempeño público, la necesidad de reflectores es vital.

Ejemplos tenemos en Reynosa. No es necesario que vayamos más allá de los límites del municipio.

No es nada nuevo que el ex alcalde Everardo Villarreal Salinas no puede contra la falta de reconocimiento que vive cotidianamente, desde que dejó la Presidencia Municipal. Y el que no tenga chamba es producto de su mal desempeño cuando se sentó en la primera silla de Reynosa.

Everardo se peleó con todos: con políticos, con medios de comunicación, con líderes de colonos y hasta con su familia. Y es tal su inmadurez que no ha encontrado la forma de quitarse lo pendenciero.

Por ello, Everardo busca quien lo cobije para poder salir a la calle. Y encontró el sitio ideal bajo las enaguas del también ex alcalde de Reynosa, Oscar Luebbert Gutiérrez. Y cuando sale la calle ha de ser cobijado por el manto protector de Oscar. De otra forma, Everardo se siente inseguro, descobijado, encuerado.

Para Everardo Villarreal ha sido muy difícil su regreso a ser ciudadano común, tan difícil que no se halla en la sociedad conviviendo con la gente. No encuentra la forma de ver a la cara a los electores a quienes les falló. Y en el medio político tampoco encuentra quien le dé cobijo, salvo Luebbert.

Everardo buscó chamba en el Gobierno del Estado al terminar su presidencia. Y no pasó nada. Y buscó la Rectoría de la Universidad Tecnológica de Tamaulipas Norte, no sé con base en que aptitudes o méritos académicos, pero la buscó. Y no pasó nada. Y buscó la Delegación Federal de la Secretaría de Desarrollo Social en Tamaulipas. Y no pasó nada. Y ahora se le ha metido la idea de ser otra vez diputado local. Pero tampoco va a pasar nada.

Everardo anduvo pregonando hace algunas semanas que él, y sólo él, fue el orquestador del cónclave de Reynosa, lo que terminó por enemistarlo de una vez y para siempre, con quien dice mandar en Tamaulipas. O lo que es lo mismo, ahora en Victoria Capital no lo bajan de traidor. Y esa mancha quedará para siempre en su vida política y social.

Y Everardo no va a lograr ubicarse en ningún cargo público, porque Villarreal Salinas desaprovechó su paso por la alcaldía de Reynosa. Y desde esa posición se peleó con todos. Le ganó la soberbia. Y confundió a sus gobernados con súbditos.

Everardo perdió la brújula “asesorado” por un puñado de gandallas quienes se encargaron de venderle la idea de que nadie tenía porque cuestionarle absolutamente nada, porque él, Everardo, era como un Dios. Y él podía hacer y deshacer a su antojo con el presupuesto de Reynosa porque él era el mero mero de la Ciudad.

Pero a esos gandallas se les olvidó que el poder es efímero. Y el tiempo le ganó. Y no entregó buenas cuentas a los ciudadanos. Y no entregó buenos resultados de su gestión. Y se peleó con todos por dinero y cotos de poder. Hasta con su familia. Y se tuvo que ir del Gobierno Municipal por la puerta de atrás.

Y hoy todo lo que le queda es tratando de hacer política bajo las enaguas: hoy de Oscar Luebbert. Y mañana de quien se deje.

Everardo no es una buena influencia para quienes quieren ser candidatos del PRI a la alcaldía de Reynosa, a las diputaciones locales y a la gubernatura de Tamaulipas. Su sola presencia los va a lastimar. Everardo hoy sólo tiene dinero, mal habido por cierto. Pero al igual que otros ex, sólo le queda pulular para ver si alguien le tiende la mano, para ver si algún periodista lo menciona por no dejar. Para ver si algún político lo suma a su proyecto. Everardo hoy es un político apestado, es un pobre político, bajo las enaguas.

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