Opinión Económica ... UAT y su relación con Biósfera El Cielo

Por Dr. Jorge Alfredo Lera Mejía

La Universidad Autónoma de Tamaulipas, UAT, compartirá en un foro internacional de sustentabilidad las acciones que se han realizado en la Reserva de la Biósfera El Cielo para la conservación, rescate y protección de los recursos naturales.

El Rector Enrique Etienne Pérez del Río, informó que la UAT fue seleccionada por el organismo internacional AASHE (The Association for the Advancement of Sustainability in Higher Education) como la institución con logros más importantes en la categoría de suelos con el tema de la Biósfera El Cielo.

Estos logros serán presentados en la Conferencia y Exposición ASHEE 2015 que tendrá lugar del 25 al 28 de octubre en Minneapolis, Minnesota, en los Estados Unidos, precisó el Rector, tras dar a conocer este importante reconocimiento a la labor que hace la Universidad en pro del medio ambiente y la conservación de los recursos naturales.

Cabe destacar que la asociación, a la cual están afiliadas alrededor de 700 universidades de 25 países de todo el mundo, otorgó a la UAT el pasado mes de junio un reconocimiento como institución que promueve la sustentabilidad en los diferentes rubros de la educación superior, tras ser evaluada por el Programa STARS-AASHE (Sustainability Tracking, Assessment and Rating Systems).

Dentro de las 17 categorías de evaluación de STARS, la UAT fue seleccionada en la categoría de suelos, resaltándose los programas que lleva a cabo el INSTITUTO DE ECOLOGÍA APLICADA para la conservación y aprovechamiento sustentable de los recursos naturales en la biósfera El Cielo.

Dentro de las políticas institucionales que impulsa el Rector Enrique Etienne, se ha conformado en la UAT el comité de sustentabilidad, participando como institución de educación superior en el sistema internacional de evaluación de AASHE, incorporándose a esta red mundial de universidades, empresas y organizaciones no lucrativas que están liderando la transformación en la sustentabilidad.

Con más de veinticinco años de historia, el INSTITUTO DE ECOLOGÍA APLICADA es hoy una dependencia de estudios superiores (DES) que oferta programas de posgrado en Ecología, además de participar en 70% de los proyectos de investigación vigentes en la reserva de la Biosfera El Cielo y haber elaborado el Ordenamiento Ecológico del Estado de Tamaulipas.

RESERVA DE LA BIOSFERA “El Cielo” del Estado de Tamaulipas: Al suroeste del estado de Tamaulipas, en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental conocidas como Sierra de Cucharas y Sierra Chiquita, ubicada dentro de los Municipios de Gómez Farías, Ocampo, Jaumave y Llera de Canales, con una superficie de 144,530 ha

En la reserva se establecieron dos zonas núcleo: Zona Núcleo I con una superficie de 28,695 ha, y Zona Núcleo II con una superficie de 7,844 ha. Todos los centros poblacionales caen dentro de la categoría de ejidos, nuevos centros de población o rancherías, entre los que se pueden mencionar: El Julilo, 20 de Abril, San José, Carabanchel, Los Manantiales, El Malacate, San Pablo, La Libertad, La Florida, Montecristo, El Cielo, Emilio Portes Gil, La Gloria, Barrancos, El Travesaño, El Recreo, El Carrizal, Buenavista, Lázaro Cárdenas, Nicolás Bravo, San Gabriel, El Texanito y El Naranjo (González-Medrano, 1993).

El 13 de julio de 1985, el gobernador de Tamaulipas, Emilio Martínez Manatou, declaró el área reserva de la biosfera; entonces se le denominó El Cielo. Ésta fue una declaración significativa, pues era la primera reserva de la biosfera de México iniciada por un gobierno estatal. Fue también la primera reserva que se inició como un proyecto privado de una institución educativa que fue retomado por el Gobierno. En 1986 ingresó a la red internacional de reservas de biosfera del programa MAB de UNESCO.

Los hallazgos más sobresalientes en la zona datan de hace 12 mil años. Con la llegada de los españoles hacia principios del s. xvii, las poblaciones indígenas establecidas, huastecos, janambres, pizones y pames, fueron desapareciendo del área paulatinamente. Hasta el s. xix se restablecieron indígenas huastecos, limitando su actividad agrícola a las tierras bajas, hacia el este.

El trabajo vivencial que reporta el conocimiento histórico más completo de esta zona lo constituyen los apuntes en que se registra la experiencia de 20 años en la reserva de LARRY LOF, administrador del Rancho del Cielo. Por su importancia, se reproduce a continuación parte de este documento.

A finales del siglo xix, gran parte de las tierras que componen las altas montañas de la reserva se consideraban terrenos baldíos hasta que, hacia 1890, Murdock Cameron y Fermín Legorreta reclamaron los terrenos de lo que actualmente es la reserva.

En los años treinta, con la construcción de la carretera Panamericana (85), se hizo más accesible el viajar por el bosque de las tierras bajas y se aceleró el desarrollo de esta región.

Al iniciarse la explotación forestal a principios de los cuarenta, los forasteros empezaron a enterarse de la existencia de este raro y único bosque en las montañas. El ornitólogo George M. Sutton visitó el Rancho del Cielo en 1941 y a éste siguieron otros científicos. Aaron Sharp y Efraín Hernández documentaron los primeros datos botánicos de la zona. Siguieron Harrel, Martin y muchos más. Gracias a la hospitalidad del señor Frank Harrison, propietario del Rancho del Cielo, éste se convirtió en el centro no oficial de los científicos que visitaban la zona. Un colegio privado de Brownsville, Texas, el Southmost College, tuvo un papel muy importante en la promoción de las investigaciones de esta zona.

Con el tiempo, la industria maderera causó grandes estragos. El golpe final llegó con el incendio forestal que barrió la zona en el invierno y la primavera de 1970 y 1971. Al fin, sólo unas pequeñas zonas, como las 25 ha protegidas por la brecha en el Rancho del Cielo, quedaban más o menos en su estado original.

Para 1971 los bosques estaban en peligro de desaparecer, dejando el Rancho del Cielo y otras pequeñas áreas en una especie de islas bióticas aisladas. Sin embargo, un grupo de personas se puso a la cabeza de un movimiento para preservar esta zona al borde del desastre. Entre ellos destacan Andrés Marcelo Sada, Gonzalo Halffter y, especialmente, Laura Alcalá Vargas. No hay duda de que la protección de esta importante y única región en los últimos años se debe en gran medida a su esfuerzo.

 

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