Entre Nos ... La soberbia mata

Por Carlos Santamaría Ochoa

 

Entre Nos … La soberbia mata … Todos sabemos que hay virtudes humanas que nos permiten crecer como individuos, y algunas de ellas requieren de un largo aprendizaje, voluntad, esfuerzo y más para poder ser una realidad. Una de ellas es la humildad, entendiendo como tal el hecho de aprender a convivir con los demás sin considerarse, ni el ombligo del mundo, ni, como dicen otros popularmente, “la última coca del desierto”, es decir, no somos tan importantes como para que el mundo sufra sin nuestra presencia.

Y eso sería muy interesante que pudiera ser aprendido en estos términos tan radicales por individuos incrustados a fuerza en un aparato oficial, partidista o de otra índole, que al llegar al lugar donde están –que por cierto, ha sido ocupado por decenas antes que ellos- consideran que el mundo les debe pleitesía o algo similar, y tomar actitudes de dictadores, queriendo decidir según su estrecha y egoísta voluntad, olvidando sus orígenes, y menospreciando a sus semejantes.

Nada más irreal, ilógico y estúpido se puede tener en ese sentido, porque así como ellos llegaron, así llegarán otros y seguramente les darán una patada en el… bueno, donde generalmente se propicia, cuando ya no son útiles.

Decía un buen amigo que cuando llegaba a un trabajo se preparaba cuando el jefe le llamaba, para escuchar las palabras “estás despedido”; de es forma, si lo despedían, ya iba preparado, pero si lo regañaba, pues tenía ganancia, y no se diga si era para una orden de trabajo o una felicitación: el resultado era excelente, pero se preparaba para su partida.

Igual sucede cuando uno se prepara como dirigente Scout, que le dicen en el curso esquema “Insignia de Madera”, en la primera charla –así me sucedió- que si ya tiene pensado quien le sucederá.

La respuesta es inmediata: “si acabo de llegar, ¿por qué alguien me va a suceder? El aprendizaje dice que no somos eternos, y que hay que pensar en quien se quedará en nuestro puesto para que las labores de ordenanza tradicional no se interrumpan.

Pero éstos, una camada de inútiles, orgullosos y malversadores del dinero público se piensan absolutos y deciden quién tiene o no la categoría para “ser atendido”, para recibirle llamadas o para propiciarle atenciones.

Decíamos: se olvidan de sus orígenes, de que como muchos de los que estamos de este lado, ellos fueron similares, y que su posición económica es producto de dinero mal habido, dinero sustraído de otros destinos, y su soberbia los llevará pronto al cese, y con él, el abandono de quienes fueron sus conocidos –no amigos, porque estos sátrapas no tienen amigos- y vivirán cómoda y económicamente bien, pero con una soledad más grande que la que experimentan los permanentes usuarios de Facebook, con un millón de amigos, pero nadie que siquiera les “eche un lazo”, por su pobre calidad humana.

Esos –y esas- que se consideran absolutos, que han actuado deshonestamente, tendrá su paga tarde o temprano.

Pero lo que es seguro es que esa soberbia que hoy muestran al ningunear a sus iguales de profesión o situación los llevará al fracaso. Porque cuando los regresen de donde vinieron ya no tendrán cabida porque se dedicaron a denostar los esfuerzos y situación de cada uno de sus semejantes.

Esos tendrán una existencia difícil, porque nadie los podrá ver ni en pintura. Ya lo vivió un victorense cuando su jefe fue removido y tuvo él que regresar a su lugar de trabajo: el desaire y la llamada “ley del hielo” le fue aplicada por meses, hasta que logró ganar la confianza de los demás, aunque no en la medida que la tenía antes.

La soberbia, simplemente, mata, porque no se tiene la capacidad humana de comprender las necesidades de otros, porque no se puede valorar la capacidad humana si no es en base a compadrazgos y golpes bajos.

Porque esa soberbia los dejará en el sitio donde merecen estar. Ni más ni menos.

 

 

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