Entre Nos ... Mexicanos heroicos

Por Carlos Santamaría Ochoa

Entre Nos … Mexicanos heroicos . Es el término que se ha dado a unos cuantos millones de personas, cuando se establecen formas de supervivencia en tiempos de crisis, de recesión o de falta de recursos para poder subsistir dignamente: como usted quiera verlo.

El asunto es que estos millones de jefes de familia, encargados en todos sentidos de ocuparse de dos a tres pequeños y su pareja en muchas ocasiones, tienen que aprender que se puede vivir con la extraordinaria cantidad de 320 pesos al diarios, y eso aplica para todos sus gastos, incluyendo transporte, medicamentos, insumos de casa, alimentos, uniformes y más, y claro, si les queda algún remanente, podrán inclusive malgastarlo en una de esas bebidas carbonatadas gaseosas que hoy en día cuentan con tremendo impuesto, porque se asegura que son las culpables de que en México seamos el país donde más gordos existimos, y donde el sobrepeso y la obesidad son consecuencia del mal gasto que hacemos al ingerir bebidas gaseosas.

El caso es que se dice, según publicaciones periodísticas, que una familia alcanza a vivir con 1,281 pesos al mes en la zona urbana y con 898 pesos mensuales en el área rural, lo que nos refleja que en las ciudades tenemos disponibles la extraordinaria cantidad de 320 pesotes, y en el campo 224.5 pesos: ¡para derrochar recursos, sin duda!

Recordamos cuando el tristemente célebre secretario de Hacienda, hoy senador, de extracción panista, Enrique Cordero afirmó en su momento que podíamos vivir por cantidades similares a las que hoy se publicitan en medios tamaulipecos, y que denotan una completa ausencia del conocimiento de precios de artículos básicos y alimentos, de medicamentos y otras cosas que son básicas para sobrevivir.

Es increíble la forma en que pierden la proporción de lo real, y manejan cifras que nada tienen que ver con el pueblo al que se deben: o manejan miles de millones para un edificio como la insultante sede del Senado de la República o el proyecto del Instituto Nacional Electoral, cuyo costo es terriblemente elevado, o se van al otro extremo, otorgando dadivosas pensiones de 600 o 900 pesos mensuales para un anciano o una familia entera.

No cabe duda, ni idea tienen lo que cuesta un kilogramo de papas: solo se concretan a firmar proyectos y acuerdos y a comer como desesperados vikingos las viandas atiborradas de todo tipo de alimento, cuando a la mayoría no les alcanza.

Aquí cabe la broma que están haciendo sobre las carnes frías y su relación con el cáncer: un destacadísimo caricaturista dice que no nos hará daño, pues de cualquier forma  la gente no tiene acceso a esos alimentos.

Habla sarcástica y cruelmente de la situación real de millones de pobres en México, en Tamaulipas y en Victoria, y habla también del profundo desconocimiento que tiene, en este caso, el servidor púbico de la situación actual.

Pone de manifiesto una falta de sensibilidad y conocimiento económico, raro en él, porque se ha preciado y se le reconoce de ser un buen político, sensible y conocedor, aunque con esta declaración ha dejado a un lado todas esas cosas buenas que de el se mencionaban.

Y como nuestro funcionario o el tristemente célebre Cordero, hay muchos que piensan que la gente “llora” por llorar, y que se queja por sistema, porque no se les puede dar gusto a todos, y porque la situación es rescatable en una nación que llora a sus pobres y sus muertos de hambre, sus cinturones de miseria y sus zonas de marginación cada vez mayores.

No podemos suponer qué es lo que considera para emitir tales razonamientos, pero sí estamos seguros de una cosa: no tiene idea de lo que se gasta usted o sus vecinos cuando vamos a una tienda de autoservicio a comprar algunas cositas para subsistir, y buscamos que la papa esté más barata que la cambray, o que la lechuga romanita es mejor que la orejona por sus precios.

No tienen idea lo que cuesta un hot dog en el estadio, seguramente, o un vaso de trolelote en la calle Hidalgo, porque cuando tienen ganas, uno de sus subalternos, servil como suele ser, corre a comprárselo. Porque hasta eso: tienen suerte para que les paguen las cosas.  Hay que ser congruentes y sensibles.

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