Entre Nos ... Los festejos del “ Halloween ”

Por Carlos Santamaría Ochoa

Hemos visto en estos días, como entendemos que usted también, infinidad de publicaciones que hablan de los festejos, tanto del tradicional y muy mexicano “día de muertos”, como de la “noche de brujas” o Halloween , a la que se atribuyen orígenes anglosajones y cultos satánicos.

Nada hay más falso que lo anterior.

En primera instancia, hemos de entender que si bien es cierto que en México se tiene arraigado desde tiempos inmemoriales el culto a los muertos, tenemos a lo largo del tiempo gratos ejemplos de ello, como la obra del inmortal José Guadalupe Posada y muchas obras más. Tenemos los altares que tienen un hermoso significado y se han propuesto nuestras autoridades promover esta tradición, siendo que también su origen es un poco incierto.

El culto a los muertos lo hacían muchas civilizaciones desde hace miles de años: los egipcios, romanos, celtas y otras europeas y del continente asiático ya los veneraban.

En América también encontramos vestigios de este culto a los muertos en sitios tan interesantes como las ruinas de Teotihuacan, Tenochtitlán, Chichen Itza, Palenque y otras más, sin olvidar las ruinas incas en Sudamérica y en parte, por Centroamérica con la cultura maya que también registra este culto.

Los altares tienen orígenes inciertos según algunos historiadores, porque pretenden algunos dar sitio de nacimiento en Europa, cuando otros lo hacen en nuestra golpeada e insegura América.

El caso es que algunos dicen que nuestros hijos son algo así como medio satánicos al salir a pedir Halloween disfrazados y en grupos.

No somos ni seremos partidarios de esta costumbre. No nos gusta, aunque respetamos a quienes lo hacen cada año con sus familiares y salen con sus hijos a pedir el típico “dulce o castigo” de los americanos.

Pero de ahí a que digan que están siendo cultos satánicos, entendemos que no es así y pensamos que es una exageración ese tipo de reflexiones. Algunos miembros de la Iglesia católica así lo hacen saber a muchos mexicanos y nos pretenden vender la idea de que rendimos culto al Diablo, cuando la verdad es que no nos han sabido explicar como es éste, es decir, se entiende que su existencia es incierta aún hoy en nuestros días.

Es ahí donde se tiene que pensar en que los niños no tienen más participación en la llamada “noche de brujas” que el disfrazarse, pedir dulces y ya.

Ni siquiera cumplen con el adagio de “premio o castigo” o  “dulce o castigo”: como quiera usted verlo.

No podemos fomentar estas costumbres como propias, aunque no podemos tampoco dejarlas de lado. Están ahí, existen y tenemos que convivir con ellas.

De otra forma, tendríamos que erradicar de nuestra vida el consumo de hot dogs y hamburguesas, el de pizzas y paellas, para concentrarnos a comer maíz, elote, huitlacoche y mole, entre otras cosas. En pocas palabras: sería absurdo quitar de nuestras vidas lo que hay en el mundo.

En otros sitios se ha incrementado el gusto por celebrar; España, un país donde el Halloween no era una tradición, está hoy invadido de telarañas en sus comercios, de calabazas y calaveras así como imágenes de brujas y más.

Si hemos hecho una buena labor con nuestros hijos en el aspecto de formación y principios, no debemos preocuparnos porque se vistan de zombies o de brujas, porque no cambiarán nuestra religión por otra cosa o culto que supuestamente se lleva a cabo en este día.

Nada más alejado de la realidad.

Mejor, preocupémonos  por lo que hacen a diario, por fomentar la honorabilidad y honestidad, para acabar con esa terrible costumbre de deshonestidad y abuso del poder, con esos principios malos que son peor que ser satánicos: la corrupción. Nada hay más malo que ello, y entonces sí tendríamos que preocuparnos, porque inclusive, la Biblia –si nos vamos más allá- prohíbe ser ladrón al creyente.

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