Anecdotario … Bienvenidos Guajiritos

Por Javier Rosales Ortiz.

 

Bajo el riesgo de lastimar el ego y de rasgar la sensible piel de los políticos mexicanos que enloquecen con los reflectores, el mandatario cubano, Raúl Castro Ruz, hizo olvidar por un instante los hechos violentos que brotan como hongos a lo largo de nuestro México y las frases inverosímiles, absurdas con olor a justificación sobre todo aquello que sucede y que contamina cada vez más a este país.

En efecto, esta visita normal del líder cubano ocupó las principales planas porque fue la primera que realizó a México, un país que le abrió de capa en capa la puerta, al igual que seguramente lo harán otros, que temían incomodar a Estados Unidos tras el largo bloqueo que decreto nuestro poderoso vecino del norte contra la isla caribeña.

Eso es valioso, pero también dicen que Cuba es bella, como bellas son sus mujeres y respecto a ello tuve la oportunidad de conocer a una en especial en el Distrito Federal que me llamó la atención por su soltura, su altivez y por su rostro aperlado, sus ojos verde aceituna y su estilizada figura.

Me abstengo de citar su nombre porque en los años ochenta se comentaba que por sus venas corría sangre cubana pero no de la buena, porque se le identificaba como nieta de Fulgencio Batista, un dictador al que se le atribuyeron todas las desgracias que padeció nuestros sufridos hermanos de esa paradisíaca isla.

Ella era locutora de televisión y en la redacción de noticieros reporteros y camarógrafos se la comían viva con sus malsanos comentarios que hacían a su espalda, los que era visible que la irritaba.

A eso del mediodía ella llegaba al estacionamiento del canal televisivo en un costoso auto deportivo rojo sin capote, con enormes gafas para el sol y una pañoleta que le cubría la cabeza y de inmediato los murmullos brotaban espontáneos de boca en boca, sobre todo porque el nivel de vida de esa dama distaba demasiado de los intentos que día a día hacían los cubanos por sobrevivir. A final de cuentas ella no era responsable de ser la nieta de un dictador y de gozar de comodidades.

Al igual que ella, México durante décadas le ha dado abrigo a cientos se cubanos como lo son cantantes, artistas pictóricos, a deportistas y a doctores, que tampoco son culpables de haber vivido sometidos por el régimen castrista, de Fidel, en concreto, y que los obligó a incorporarse al éxodo para también intentar sobrevivir.

Y si se habla de médicos, me quedo con lo que me platicó mi hijo Said Iván sobre la situación que Cuba vivía hasta hace siete años, sobre un país que le abre los brazos a todos aquellos que pretenden destacar en el campo de la medicina, pero que por la torpeza de un gobernante mexicano  provocó que se lastimaran los lazos entre las dos naciones.

Resulta que como médico mi hijo hizo allá durante un mes las gestiones para realizar unos cursos importantes en La Habana, pero por lo novato, por lo inepto de Vicente Fox con aquello de “Comes y te vas” echo a perder los intercambios académicos que firmaron ambos países.

Y es que en Cuba –me comentaba sorprendido mi hijo- los médicos rascan con las uñas la sabia de los árboles para elaborar los medicamentos, no como en México donde los políticos no se dan abasto para agotarse el presupuesto en acciones que tal vez no tienen justificación.

En fin, Cuba y sus “ Guajiritos ” tienen más que dar en estos tiempos de apertura, tal vez por ello maestros como el español Joaquín Sabina les acomodó una melodía que lleva por nombre “Como te digo una “co” te digo la “o” y que en una de sus estrofas interpreta lo que como mexicanos también sentimos por nuestros hermanos cubanos y que dice así: ¿Y la gente?… Legal, supermaja, no se, diferente y eso que el dicho bloqueo los dejo, no digo feos, porque feos no son, y hasta el más negrito tiene educación, pero pobrecitos, flaquitos, flaquitos y sin libertad. Que tenga la culpa Clinton o Fidel, a mi, mire usted, lo mismo me da.

Va por ellos, por los “ Guajiritos ”.

Por esos cubanos.

Que valen.

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