Entre Nos ... Aprender a escuchar : la base

Por Carlos Santamaría Ochoa

Hay muchas cosas que debe aprender alguien que quiera aventurarse a hacer política, sin lugar a dudas: debe desarrollar una serie de virtudes, pero sobre todo, debe aprender a escuchar a los demás.

Aquí no caben los soberbios que, como nacieron entre pañales de seda aseguran que no cambiarán su tosca manera de ser “porque soy así”, o porque los criaron de esa manera; tampoco caben los que no tienen sensibilidad para tratar a una dama, a un caballero, a un niño o un anciano, y también a un individuo “común y corriente”. El éxito es aprender a escuchar a todos en la medida que se permita.

Los políticos de hoy en día son curiosos, o al menos los que contienden por la candidatura a la gubernatura: de la noche a la mañana se preocuparon por usted y por nosotros.

Organizaron foros de consulta para que los aproximadamente 3.5 millones de tamaulipecos sepamos que somos escuchados y que tenemos quien vele por nosotros; también, se acordaron de donde se encuentran esas retorcidas y empedradas calles de las ciudades tamaulipecas, barrios, ejidos y centros comunitarios. Recordaron donde vive Don José y Doña Mary, o don Arnulfo y doña Celia, por citar solamente algunos nombres.

Recordaron a lo que huele la gente que no tiene servicios básicos cotidianamente y tiene que trabajar de sol a sol, que utiliza su camisa dos o tres jornadas seguidas y por consiguiente la tiene empapada en sudor, maloliente y manchada por la grasa y la tierra.

Nuestros políticos también se acordaron que los niños tienen necesidades y les gusta tomarse la foto con ellos, porque al fin y al cabo, éstos nunca les dan quejas: solo una sonrisa y si acaso, un apretón de mano.

Esos aspirantes que hoy en día se preocupan por informarnos de lo que hicieron y que por vez primera sabemos que lo hacen, cuando en otros encargos populares y de asignación nunca supimos lo que hicieron porque ni siquiera a su oficina tuvieron el gusto de invitarnos o atender a cualquiera de la ciudadanía que fue por un trámite que, seguramente, está olvidado en un escritorio de esos que tienen como mil papeles, parecidos a los de Rafael Méndez Salas: sin respuesta, sin atención, pero con una alta dosis de malas acciones.

Son ese grupo de tamaulipecos que aspiran a suceder a Egidio Torre Cantú y que hoy por hoy son agradables, simpáticos, abren sus espacios en Facebook y nos agregan como amigos –el término “amigo” es muy amplio y tan sagrado que seguramente no le conocen- y claro, aunque dicen tener miles de éstos, nunca contestan un mensaje que les enviamos, y jamás de los jamases nos atienden, porque probablemente somos muy poca cosa para sus aspiraciones.

Pero hoy necesitan pasar apercibidos como gente simpática, sencilla, confiable, honesta y honorable. Las fortunas que les conocemos a algunos no debemos pensar que de un día para otro tienen dosis de deshonestidad, sino de un intenso y curioso trabajo inmediato.

Nuestros políticos han aprendido en pequeña escala qué es caminar por una calle normal, con sus respectivos baches y problemas, y han aprendido que hay gente con necesidades.

Pero deben aprender algo mejor: a hablar con la verdad, porque eso no lo pueden sustituir con nada, y la gente, los tamaulipecos ya estamos cansados de que nos digan una cosa y se haga otra; ya no queremos que nos den atole con el dedo, y muchos estamos enojados con lo que vemos o lo que nos sucede y por la falta de respuesta.

Nuestros políticos tienen que aprender que ya no nos pueden engañar tan fácilmente, porque los ciudadanos tenemos memoria y ahora sí, queremos cobrar esas cuentas pendientes.

Nuestros políticos, esos que quieren ser, tienen que ser congruentes con nuestras necesidades.

De otra forma, no vemos como ganen en 2016.

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