Entre Nos ... Ni tan bueno el Buen fin

Por Carlos Santamaría Ochoa

Dicho sea con toda honestidad, no resultó el llamado “ Buen Fin ” lo que se esperaba, no al menos para los consumidores que encontramos una serie de medidas engañosas y fraudulentas que no se castigan con nada.

Y luego el comercio organizado se pregunta por qué preferimos ir a Monterrey, a Tampico o a Mc Allen de compras; de todos es sabido que cuando hay ofertas en la Unión Americana, son reales, y los productos que se ofertan tienen auténticas rebajas, y lo que hemos vivido estos días en la capital de Tamaulipas al menos n es más que una auténtica burla para todos nosotros.

No están obligados a darnos descuentos y facilidades para comprar, sin embargo, sin estos alicientes, las ventas caen y los únicos perjudicados son los que se dedican al comercio, organizado y no tanto, y que gustan de hacer pasar unas cosas por otras.

Un ejemplo claro lo vimos en los aparatos de aire acondicionado que se ofertan a precios que nosotros checamos –personalmente- hace un par de meses y su diferencia no existe; cuestan lo mismo. El único lugar donde ofertaron unos aparatos y por ende, volaron inmediatamente, fue en la tienda HEB, que sacó unos 15 o 20 aparatos para su venta a precio realmente de oferta.

En otras, la mayoría de las tiendas, sacaron “saldos” de ropa vieja y apestosa, ropa pasada de moda; escondieron las sudaderas y en ninguna tienda vimos estas prendas que se usan mucho por los jóvenes y que en tiempos como los que vienen son muy demandadas.

Es decir: nos engañaron.

El comercio organizado se queja de que no hay ventas y culpa a todo mundo por esta crisis, principalmente al gobierno, y tienen mucha razón en culpar a una autoridad carente de estrategias e inteligencia para sacar adelanta el país, pero también deben culpar a sus representantes y a los comerciantes en general de querer ganar con un solo cliente lo de las ganancias del año y no propiciar que nos quedemos a comprar en el país.

Pantallas digitales por todas partes y ordenadores viejos fueron las principales ofertas. Vaya, en casi todas las tiendas ofertaron lap tops con procesadores celeron o algo más lento y viejo, pero los procesadores Core I-5 o I-7 ni por equivocación estuvieron disponibles en las publicaciones de oferta.

Profeco se cansó de hacer señalamientos sobre las falsas ofertas, pero éstos, los que viven de nosotros, nunca entendieron que están perdiendo la oportunidad de que volvamos a confiar en ellos y busquemos otras alternativas, porque los precios, vistos por todo mundo, nunca estuvieron atractivos como para pensar en comprar en la ciudad, el estado o el país.

Lo más que llegaron a ofrecer es una compra a meses sin intereses, cuando este tipo de promociones los ofertan los bancos y no ellos, así que no hay nada que agradecer al mal llamado comercio organizado, a las Cámaras de Comercio que no fueron capaces de entregarnos verdaderas propuestas para ahorrar unos pocos centavos.

Qué bueno que no se liberaron los aguinaldos con anticipación, porque hubiera sido grande el botín obtenido por los comerciantes que nos burlaron.

El Buen Fin no es sacar, como dijimos, mercancía vieja y nada más: es tratar de alentar el comercio y la compra de productos entre los potenciales clientes o consumidores.

Había mucha gente en dos o tres tiendas, pero así como para pensar que nos volcamos a gastar hasta la última peseta en ahorros, definitivamente no. El Buen Fin volvió a ser lo que muchos temíamos: una artimaña para querer vender lo viejo a precio de nuevo, para subir precios hasta al doble y  “ofertarlos” a mitad de precio, es decir, a engañar a quienes, noblemente, durante todo el año damos de comer a las familias de los comerciantes voraces, faltos de ética y de principios, así como de solidaridad y un verdadero espíritu comerciante.

Lástima, desaprovecharon una valiosa oportunidad…

 

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