Entre Nos ... Por nuestros hijos

Por Carlos Santamaría Ochoa

Entre Nos …  Por nuestros hijos. Los recientes acontecimientos que han conmovido al mundo deben llamarnos a las reflexión: la violencia no es llave para abrir ninguna puerta, y el terror y miedo que genera no tiene una buena respuesta ni buenos resultados.

Una serie de comentarios, positivos y negativos respecto al uso de la bandera francesa en la red social Facebook ha despertado comentarios y sentimientos de toda índole.

Algunos, con un profundo odio hacia una de las partes en conflicto, expresan sentimientos que definitivamente no nos conducen a nada bueno como rraza humana.

Tenemos mucho que hacer y eso lo han puesto de manifiesto las palabras de pastores religiosos de varios credos, políticos y gente que es escuchada. Lo que dicen es exactamente lo que todos tenemos en mente para comentar y gritar: no más violencia. La violencia genera violencia y es un cuento de nunca acabar.

Y mucho de lo que sucede tiene estrecha relación con lo que somos desde los primeros días de existencia: no podemos ser personas buenas si tenemos pensamientos y sentimientos negativos albergados en nuestro interior desde pequeños.

Y es una realidad que somos lo que hemos aprendido en la vida; la formación en casa tiene una profunda trascendencia en ese sentido, y refleja las actitudes que tomamos más adelante.

Vemos actos de violencia desmedida, de odio y rencor. En la política, nadie está contento con nada ni nadie: es criticar, denostar, odiar, manipular, mentir y actuar enforma deshonesta. Un ejemplo claro lo tenemos con uno de los aspirantes de Acción Nacional a la gubernatura que se erige como el gran juez de Tamaulipas, cuando en su administración municipal de todos es sabido que concluyó insultantemente millonario, producto de las corruptelas familiares e individuales que durante tres años llevó a cabo.

Que las autoridades no quieran ver esas cosas es aparte, pero la gente, el común y corriente de los ciudadanos sabemos lo que sucedió, y reforzamos el dicho aquel que reza que “lo rico y lo pen… no se puede ocultar”. Ni una cosa ni otra se cubre con una declaración fuera de contexto y denostativa de un profundo coraje y odio hacia los integrantes del partido en el poder.

No entendemos, tampoco, la forma en que se conducen esos “maestros” que salen a las calles a delinquir a nombre de “los 43”, cuando lo menos que les interesa es que se haga justicia, porque lo que insisten en hacer es llevar puntos a sus causas, “agua a su molino”, dirían otros.

Nada ganamos con sembrar odio en nuestros hijos.

Debiéramos enseñarles a trabajar y ser honestos, a aceptar las críticas de los demás y no tomarlas como personales, propiciando que haya menos entendimiento laboral, escolar y humano.

Es tiempo de reflexionar sobre lo que estamos viviendo, y aceptar que algo estamos haciendo mal, que es tiempo de poner una directriz urgente y firme, que nos pueda ayudar a enmendar el rumbo para que esta raza humana no se pierda tanto, o al menos, no al paso tan acelerado que vivimos en la actualidad.

Lo de Francia y Siria es un pretexto para ahogar gritos de frustración y odio; lo que sucedió hace poco en la Feria también es parte de ese odio que tenemos preso en nuestro ser.

Ya debemos pensar en subsistir dignamente, como seres humanos, con un profundo respeto a los demás, y con la idea de que si no cambiamos, este mundo no nos dejará nada bueno.

Hay películas de ciencia ficción que nos muestran un mundo destruido y conquistado por otras especies y razas. Difícil de creer, pero, al paso que vamos, nada de esto puede ser ajeno si no ponemos un freno a pensamientos estériles, superficiales y vanos.

Somos la raza humana, aparentemente superior a las demás. Vamos a demostrarlo de una vez por todas.

 

 

 

 

 

 

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