Entre Nos ... Las mentiras que se creen

Por Carlos Santamaría Ochoa

 

No cabe duda que somos especiales: hoy en día tenemos distintos métodos de instrumentar mentiras y hacer crecer los rumores hasta convertirlos en una “realidad virtual”, entendiendo como tal un concepto que no existe en la realidad, sino únicamente en la llamada “red de redes”.

Y en ese sentido, la reflexión nos lleva a pensar en aquellos días en que en las vecindades se entretejían todo tipo de historias en los lavaderos, de ahí la frase que hace alusión a ambas cosas: a la capacidad de mentir y correr rumores y a la ubicación del sitio donde se frecuentaban quienes no tenían más qué hacer que hacer que destrozar la reputación de las personas o instituciones.

Y hoy en día, los lavaderos han quedado ya en el recuerdo, dado que poca gente hace uso de ellos, y porque la tecnología ha propiciado cambios sustanciales, también en materia de chismes.

Hoy somos más ermitaños que antes: nos refugiamos en una red social en la que aparentemente tenemos miles de amigos, pero que la verdad sea dicha, no existe más soledad que a que experimentamos.

En ese sentido, la soledad nos invade y nos vanagloriamos de ser amigos de tales o cuales personas, de pertenecer a otros grupos y más, pero la verdad cruda es que estamos más solos que nunca.

Y en ese tenor, damos rienda suelta a los rumores y experimentamos la sensación de inventar cosas para que otros las crean.

Hay, increíblemente, portales y páginas de Facebook que se dedican a mentir, y se jactan de ello, porque presumen de ello, haciendo gala de una enorme imaginación que nos lleva a ser tremendamente malignos, a dañar la honorabilidad de cualquier institución, persona o lo que exista.

No hay forma de controlar estos sentimientos que mucho daño nos hacen a todos.

Y es ahí donde tendríamos que hacer una reflexión, sobre la importancia de correr esos rumores propios de lavadero de antaño, y de gente sin quehacer que solamente tiene intención de destrozar, de amargar, de hacer añicos el trabajo de alguien que se ha labrado a través de los años, y que en minutos acaba en la nada, porque los rumores, y lo sabemos todos, mucha gente los cree y los experimenta como verdaderos, haciendo gala de más imaginación, agregando cosas y pegando argumentos que nada tienen que ver con la realidad.

En ese sentido, los “rumorólogos” políticos siguen haciendo uso de las redes para hacernos creer que alguien es honorable cuando no lo es, y- en contra-parte, para difamar a difamar a quien tiene una reputación ganada con el devenir del tiempo, trayectoria y muchas otras cosas más.

Importante resulta hacer cambios de mentalidad en los nuestros: que los hijos y quienes dependen de nosotros no crezcan con esas ideas tan nefastas que solamente tienen como objetivo destrozar.

Debemos cambiar la idea y constituirnos en una sociedad que  construya, que edifique, que haga positivamente las cosas y nos permita mejorar como grupo, como comunidad.

Es tiempo de dejar a un lado estas mentiras, de publicar cosas comprobables y fehacientes, que nada dejen a la imaginación o a la duda de malas personas.

No podemos seguir esperando que la gente hable mal de lo que no le consta, tenemos que pensar en un cambio de mentalidad social, porque si las redes sociales son el instrumento para destrozar, estamos entonces muy mal, y no tenemos idea de lo que significan los avances tecnológicos y de información, y nos detenemos a pensar en la forma de perjudicar.

Nada bueno es este aspecto, y es hora de cambiar de mentalidad.

Los seres humanos no somos tan malos, y no debemos supeditarnos a los chismes de lavadero, sino a argumentar los conceptos, de la manera en que éstos crezcan o se desarrollen.

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