Hipódromo Político ... Los políticos y el elefante

Por Carlos G. Cortés García

No cabe duda que los políticos actuales se han transformado: se han convertido en personajes con piel excesivamente delgada, que les molesta todo, de mecha muy corta, los que la tienen, y quienes no han aprendido a entender la crítica y los sentimientos de la sociedad. Y entonces, vemos y escuchamos políticos que en lugar de gobernados buscan lacayos. Ejemplos hay muchos y en Tamaulipas ni se diga.

Hoy todo lo que los periodistas decimos y escribimos, en muchos de los casos, es usado en nuestra contra, cuando lo que realmente hacemos, quienes ejercemos a plenitud nuestra libertad de expresión, es ayudar a los servidores públicos a darse cuenta de la realidad de calle, de lo que piensan y sienten los ciudadanos y que, en muchas ocasiones, quienes se encuentran en las alturas del poder no se dan cuenta, lamentablemente de ello.

Y resulta que al final de sus encargos, cuando vuelven a la realidad, a la vida cotidiana, cuando vuelven a la calle, cuando quienes no tuvieron acceso a ellos a través del tiempo que duró su encargo logran entablar una comunicación, es cuando se dan cuenta de lo testarudo que fueron en el ejercicio del poder: no todos queremos joder a los políticos, no todos queremos abusar de ellos y muchos de ellos, alcanzan una vida pública efímera, no muy larga, derivado de sus malas acciones.

Fuera del encargo público se acabó la frivolidad, el servilismo y el recurso público para hacer una vida fastuosa, de magnate. Y muchos de los políticos, de los malos políticos, al tiempo terminan su vida de rico, porque no se supieron administrar lo que se llevaron. Y luego andan buscando a quienes ofendieron, les cerraron la puerta en las narices e ignoraron… Ofrecen perdón y juran por la corte celestial que no fue cierto, pero los hechos quedan para la historia.

También hay personajes que se quedan con dinero público, se hacen ricos, pero sin reflectores y, entonces, dan lástima porque andan buscando como recuperar el respeto y la admiración de la sociedad a la que se supone sirvieron cuando en realidad ellos se sirvieron. Respeto y admiración son valores que casi nunca regresan a los malos políticos.

¿Por qué los políticos son unos cuando andan en campaña y se transforman en otros cuando llegan al gobierno? Porque los envenenan los falsos y malos asesores, amigos y “colaboradores”. Y los enloquece el cargo. Pero lo que se les olvida que el puesto dura tres años en unos casos y seis años en otros. Y de ahí, ante el mal desempeño del gobernante, los malos resultados o las pillerías descaradas, se acabó su carrera política. Y entonces sí, el escarnio popular para los malos políticos se vuelve un ejercicio cotidiano. En la calle le gritan, lo insultan y los vejan.

El ex presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, solía aconsejar a sus cercanos colaboradores y a los políticos amigos que estaban a su alrededor: “en política, debemos ser como los elefantes: la piel muy dura, las orejas muy grandes, la cola muy corta y muy buena memoria…” ¿Quién lo practica en el ejercicio del poder? Que cada quien responda a esta pregunta.

Lamentablemente, no todos los políticos conocen la Ley del elefante. Y lo que es peor, no todos los políticos que lo saben lo aplican. Y el resultado es que empiezan a cometer errores garrafales y se pelean con la sociedad a quienes juraron gobernar con lealtad y respeto y que al final trataron con desprecio.

Es tiempo de que la sociedad exijamos a los políticos que se porten como deben de portarse. Respeto, atención, amabilidad, honestidad, lealtad y buen trato, mínimo, son los valores que deben de ejercer los políticos. Estamos a poco menos de seis meses de una nueva oportunidad para elegir nuevas autoridades en Tamaulipas. Tenemos el privilegio de la credencial de elector. Usémosla con inteligencia.

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