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Entre Nos … La Selva de concreto y sus especies

Entre Nos … La Selva de concreto y sus especies

Por Carlos Santamaría Ochoa

 

Recordando aquella película maravillosa de Walt Disney, que se basa en el libro de Rudyard Kipling “El libro de las tierras vírgenes”, y que es la base de la historia del primer movimiento Scout en el mundo para niños de 7 a 11 años, antes de que ingresara a éste una serie de cosas, nombres y demás, disfrutamos hace poco la cinta titulada “ La Llamada de la Selva ”, donde Mowgli, un niño sobreviviente en la selva es adoptado por la manada de lobos y apoyado por otros animales que dan sentido a la historia.

Baloo, el regordete generoso y cariñoso, Bagheera, la seca y seria pantera negra, que daba protección, o Shere Kan, el asesino tigre que todos los días estaba dispuesto a comer al pequeño y otros personajes más.

El caso es que nos enseña de alguna manera la forma en que se convive en la selva entre las especies, siendo las más importantes la de los lobos, donde Akela es el jefe, Rakscha es la mujer más importante y más cosas giran en torno a ella.

Así sucede en nuestros días, en nuestro suelo, donde la moderna e inclemente selva de asfalto tiene muchos peligros, quizá más que los que emprendió Mowgli cuando niño, y que constituyen la forma en que tenemos que aprender a vivir y a respetar a las demás tribus o grupos, razas o especies.

En ese sentido, vemos a diario peatones, ciclistas, motociclistas y automovilistas, como una base de circulación, y aunque hay leyes, éstas no son respetadas por nadie: los peatones piensan que tienen todo el derecho del mundo a pasar las calles donde quieran, a la hora que quieran, sin respetar las esquinas y zonas para tal efecto, pensando que los automovilistas se tienen que parar forzosamente, porque ellos son más importantes. Nada más falso que lo anterior.

Surgen los motociclistas que ocupan todo un carril al circular, argumentando un falso derecho a hacerlo, porque cuando tiene que rebasar lo hacen por la derecha, la izquierda, el centro o como quieran, zigzagueando temerariamente y poniendo en riesgo su integridad física y la integridad jurídica de quienes manejamos.

Los ciclistas son otra “tribu” o “raza” citadina que no respeta señales: se pasa altos, circula en sentido contrario y en aceras o donde sea, pero argumentan con movimientos nocturnos inclusive que tienen todos los derechos y debemos darles seguridad en su andar, aunque sea contra las leyes. Otra cosa totalmente falsa.

En ese sentido, los automovilistas tienen las de perder: si atropellan a un inconsciente motociclista o ciclista, llevan las de perder, sobre todo si hay lesiones, ya que son detenidos y privados de su libertad.

No importa que el ciclista o motociclista haya violado la ley:; dice Tránsito que la responsabilidad es del automovilista. Totalmente injusto y malo.

Y si esos grupos no aprendemos a convivir, nunca habrá desarrollo armónico adecuado. Si la autoridad de Tránsito principalmente no respeta la ley y no la hace respetar, difícilmente habrá orden, el orden que merecemos los ciudadanos en pleno goce de nuestros derechos.

Tenemos que dejar a un lado pensamientos victimizantes, de los que se pretende que culpen al supuestamente más fuerte, y hacer que todos respetemos la ley vigente.

No podemos seguir viviendo en un estado de derecho simulado y solapado por los que, por chantajes, cohechos o por apatía y desconocimiento no aplican la ley justamente.

Es momento de pedir a quien venga a gobernarnos que hagan que se exija cumplimiento de la ley, cualquiera que ésta sea.

Los automovilistas también tenemos derechos y obligaciones, igual que los ciclistas, los motociclistas y los peatones, andantes a pie o ciudadanos comunes y corrientes.

Todos habitamos esta selva de asfalto, y no podemos dejar que una manada se devore a la otra: hay espacio para todos, pero hay que hacerlo valer.

Tarea para quien aspire a ganar una elección, sin duda alguna.

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