Opinión Económica ... Desigualdad, pobreza y exclusión

 

Dr. Jorge Alfredo Lera Mejía

En octubre del año 2013, siendo secretaria de Desarrollo Social (SEDESOL), la economista Rosario Robles, publicó este artículo que me permitiré resumir ante las aportaciones que se señalan sobre estos tres ejes de la pobreza en México que, siguen estando vigentes: Fuente: http://www.mexicosocial.org/index.php/secciones/especial/item/371-pobreza-y-politica-social

[…] El diagnóstico: Nos encontramos en la encrucijada de distintas visiones de lo social, del Estado, de la justicia, de la igualdad, pero también disponemos de un diagnóstico que dista de ser halagüeño. Veamos:

La pobreza en México afecta a un bloque enorme de personas que nacen y mueren pobres. Según cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en 2012 el 45.5% de la población vivía en pobreza y el 9.8% lo hacía en pobreza extrema.

De acuerdo con las estimaciones del Consejo relativas al porcentaje de personas en pobreza por la dimensión de ingreso, en 1992 el 21.4% del país sufría pobreza alimentaria; en 2012 era el 19.7%. Para los mismos años, la pobreza patrimonial afectaba al 53.1% y al 52.3% de la población, respectivamente.

Con dos profundas crisis en ese lapso (1995 y 2008-2009), es posible decir que las políticas sociales y sus programas han servido para contener el avance de la pobreza, pero no para remediarla.

En un estudio de 2012 sobre movilidad social, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias ofrecía las siguientes cifras de movilidad social intergeneracional:

35% de las personas cuyos padres nacieron en el quintil inferior de la riqueza permanecen en ese quintil; 25% de quienes nacían en el quintil inferior lograban ascender al segundo quintil en el nivel de ingresos; 18% alcanzaban a colocarse en el tercer quintil; Al mismo tiempo, 28% de quienes nacían en el segundo quintil habían perdido riqueza hasta situarse en el primer quintil del ingreso; 27% lograba permanecer en el segundo quintil (II).

La atención de la pobreza ha tenido resultados diferenciados por tipo de carencia. Las cifras de CONEVAL disponibles muestran lo siguiente:

El porcentaje de la población con rezago educativo ha pasado del 26.6% en 1990 al 19.2% en 2012; El porcentaje de población con acceso a la seguridad social ha transitado del 65% en 2008, al 61.2% en 2012; El rezago en servicios básicos en la vivienda ha pasado del 22.9% en 2010 al 21.2% en 2012; El rezago en el acceso a servicios de salud ha pasado del 58.6% en 2000 al 21.5% en 2012; El rezago en la calidad y espacios de vivienda pasó del 41.5% en 1990 al 13.6% en 2012; Finalmente, el rezago por acceso a la alimentación ha pasado del 21.7% en 2008 al 23.3% en 2012

México tiene un desarrollo excluyente. En el país persiste una elevada desigualdad en la distribución del ingreso. De acuerdo con la Encuesta de Ingresos y Gasto de los Hogares de 2012, el ingreso promedio del grupo de personas más rico es 23 veces mayor al de las personas más pobres. El dato más reciente del Índice de Gini muestra que en 12 años la desigualdad medida por este indicador descendió, cuando pasó de 0.542 en 2000 a 0.481 en 2010, si bien su magnitud sigue siendo elevada.

Tenemos una sociedad persistentemente desigual, con crecimiento económico escaso combinado con una caída sostenida del ingreso por más de tres décadas. Mientras que en 1994 el Salario Mínimo General real equivalía a 70.82 pesos diarios, para 2012 había caído a 56.645 (IV). Dicho llanamente: las reformas estructurales iniciadas en la década de los ochenta erosionaron el ingreso de millones de personas. Su funcionamiento se basó justamente en la idea de que un nuevo modelo económico requería de medidas agresivas de contención y reducción salarial que permitieran reducir la inflación. Hoy nos enfrentamos a la evidencia de que no hay política social efectiva en nuestro contexto nacional que pueda prescindir de mecanismos para incrementar el ingreso de amplias capas de la población.

Gastamos mucho y mal. Mientras que en 1992 el gasto social representaba el 6.37% del Producto Interno Bruto, para 2012 el gasto social significaba el 11.43% (V); sin embargo, como muestran las cifras, si bien se han presentado avances en algunas de las carencias sociales muchas otras se han mantenido prácticamente sin cambio durante las dos últimas décadas.

A pesar de este panorama, soy optimista en cuanto al futuro por varias razones:

En un país federado, con una larga tradición de conflicto entre el centro y los estados, hemos logrado coincidir en algo esencial: que el combate a la pobreza requiere de la concertación de todos los órdenes de gobierno y de todas las fuerzas políticas. Por primera vez en la historia del país no hay una visión que intente imponerse a rajatabla ni cotos locales cerrados a las ideas y a la necesidad de experimentar, de contrastar, de evaluar y de ofrecer resultados. Más aún: se han comenzado a dar los primero pasos para contar con un verdadero Sistema Nacional de Programas Sociales, con un Padrón Único de Beneficiarios que evite duplicidades, que permita focalizar y concertar esfuerzos […] (Fin de la síntesis).

RESUMEN: Poco avance en la reducción de la pobreza; No es un problema de recursos, sino de eficiencia en el uso de éstos; Problemas en la definición de pobreza multidimensional; No parece haber una comprensión cabal de algunas dimensiones del problema (ej. Problema indígena).

SE REQUIERE: Una revisión profunda de los programas sociales y de su impacto en la población relevante. Se requiere vincular programas sociales con programas económicos. Es necesario tratar de “graduar” a los beneficiarios. Es necesario estudiar potenciales efectos indeseables de algunos programas sociales que podrían limitar, por ejemplo, la movilidad territorial (Gerardo Esquivel. El Colegio de México, 2014).

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