De viaje por el cine mexicano

De viaje por el cine
De viaje por el cine

Viajar puede representar una oportunidad de descanso o esparcimiento, pero también un momento de transformación y de toma de decisiones que pueden cambiar el curso de la historia. El cine mexicano ha retratado este tema a través de películas que abordan diferentes problemáticas como el primer amor, la crisis de pareja o la recuperación del sentido de la vida.

FilminLatino, la plataforma de cine del mundo, propone una selección de títulos en esta temporada de vacaciones para revisar historias que van desde una comedia adolescente y el proceso de maduración que enfrentan sus protagonistas; un drama sobre la fragilidad y avatares que tiene que enfrentar una pareja para poder seguir juntos pasando por el terror que entrañan las acciones de un grupo niños, que se supone son ante todo inocentes.

También se oferta la historia de un par de jóvenes desadaptados que encuentran en el amor la posibilidad de salir adelante. Desde el cine contemplativo se cuenta la búsqueda de un hombre por encontrar nuevos asideros ante una profunda crisis existencial o el relato de una mujer que se va a refugiar a una playa, con el objetivo de dejar atrás su adicción a la heroína.

Ventanas al mar, de Jesús Mario Lozano (México, 2012)

En un hotel frente al mar se conocen dos parejas: una formada por dos jóvenes mexicanos y otra por dos jubilados extranjeros. Mientras esperan juntos la llegada de un ciclón, viven una entrañable experiencia que los transformará para siempre.

Juego de niños, de Makinov (México, 2012)

Una pareja va de vacaciones a una isla remota, sus últimas vacaciones juntos antes de que se conviertan en padres. Poco después de su llegada, se dan cuenta de que no hay adultos presentes en la isla, hecho que se tornará en una gran pesadilla. Una nueva versión del clásico de Narciso Ibáñez Serrador ¿Quién puede matar a un niño?

I hate Love, de Humberto Hinojosa (México, 2012)

Un adolescente queda sordo después de un terrible accidente. Al poco tiempo se enamora de una extranjera que está en México y descubre que, al estar enamorado, le sucede algo sorprendente.

El calambre, de Matías Meyer (México-Francia, 2009)

Basada en el cuento homónimo de Gao Xingjian, nos cuenta la historia de un francés depresivo y solitario que vaga por una comunidad de pescadores en la costa del Pacífico mexicano, las Lagunas de Chacahua. Tras días en ese lugar de asombrosa belleza natural, nada ni nadie parece llamar su atención. Es gracias a Pablo, un pescador que le muestra su modo de vida, que Julien lentamente comienza a sentirse mejor y recuperar el interés por seguir viviendo.

Viento aparte, de Alejandro Gerber (México, 2009)

La mamá de Omar y Karina cae gravemente enferma durante unas vacaciones familiares en una playa en Veracruz. Sin haberlo planeado, los hermanos comenzarán un viaje de más de 2 mil 500 kilómetros hasta Casas Grandes, Chihuahua, donde vive su abuela. Se enfrentarán a un país herido por la violencia, la desconfianza y el desamparo, donde el único refugio posible es mantenerse unidos.

Viaje de generación, de Alejandro Gamboa (México, 2012)

Un viaje de graduación de preparatoria, en donde el amor, la amistad, el deseo, las ilusiones, la inocencia y lo prohibido forman parte de esta aventura. El encanto y desencanto sale a relucir en la amistad de unos adolescentes. Ellos quieren entender qué es lo que les está pasando y qué van a hacer con su futuro.

Paraísos artificiales, de Yulene Olaizola (México, 2011)

Luisa, una joven citadina adicta a la chiva (heroína), viaja a una playa lejana en la reserva ecológica de Los Tuxtlas, Veracruz, con el mar, un pequeño hotel y la selva como paisaje. Luisa cree que en este lugar puede dejar de drogarse, algo que no ha podido lograr en la Ciudad de México. Poco a poco va conociendo a los habitantes del lugar, especialmente a Salomón, un campesino de 63 años que dedica su vida al trabajo y a la marihuana. Como ella, él sobrelleva sus problemas existenciales a su manera. En este breve período de tiempo, Luisa empieza a creer que ha encontrado al cómplice que necesita.

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