Entre Nos ... Perder una vida…

Por Carlos Santamaría Ochoa

Entre Nos … Perder una vida… La frase fue lapidaria: “¡Hicimos todo lo que pudimos! En la Cruz Roja no tenían ni oxigeno y lo tuvieron ahí, tirado en el suelo…”

Fue la primera impresión en la funeraria, donde acudimos a despedir a Luis Aguilar, de 23 años y próximo a graduarse como Contador Público en la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

Amante de la danza, colaborador y alumno de la academia Mirsh Dance, Luis tuvo un día difícil, sin saber que sería el último de su vida.

Salió de la academia, donde estuvo practicando porque participaría dentro de unos días como solista en el festival. Nadie suponía lo que sucederla.

Se fue caminando por la avenida Las Torres para, a una cuadra, regresar a la Academia y externar su malestar: dolor en el pecho, ganas de vomitar, ganas de llorar. Fue asistido por sus compañeros y compañeras: su verdadera familia en Victoria, ya que sus padres viven en Michoacán.

Posterior a la crisis, lloró, desahogó todo lo que pudo y le llevaron a casa, parando en una tienda para comprar una bebida rehidratante que deseaba. Ahí, se puso más mal, y tuvieron que hacer algo.

Desesperados, le llevaron a la Cruz Roja, delegación Victoria, donde le ubicaron en el suelo porque no tenían ni camillas. Ante el estado de él, y en tanto se conseguían los papeles del IMSS que como estudiante tiene derecho, convulsionó y se puso más mal. Ni oxigeno, dice una de las señoras que le ayudó, por lo que pidieron el traslado al IMSS: no había choferes o ambulantes que pudieran conducir la ambulancia. Todavía un señor se ofreció a hacerlo, y ante la negativa de quienes atienden en la Cruz Roja, lo llevaron en vehículo particular a Urgencias del Seguro, donde llegó ya sin signos vitales.

La interrogante de algunos miembros de la comunidad jazzística es qué se hace con el dinero de la Cruz Roja, porque en este caso, la falta de un médico, de oxigeno, de atención, de conductores de ambulancia, costó la vida de un ser humano, tan preciado y tan valioso como cualquiera de nosotros.

A sus padres, nada les devolverá a Luis, y a sus compañeros de la academia, nada les restituirá la risa y jovialidad con que el casi contador se entregaba a su pasión: el Jazz.

Y vienen a la mente los muchos informes que hemos escuchado a través de los años y lo que se sabe de la benemérita institución, y algo hay que no concuerda con la realidad, esa que viven otros seres humanos que, como Luis, han sido llevados para recibir la atención de emergencia y dejados ahí, para que, o se alivianen y mejoren…  o se mueran.

Duele ver tanto sufrimiento; el dolor de una madre que reconoce en los muchachos de la academia a “su familia, porque Luis los tenía más a ustedes que a nosotros” por las distancias y el afecto que se ganó a lo largo de su trayectoria.

Hoy, muchas madres y padres piden que la Cruz Roja Mexicana en Victoria cumpla con los propósitos que le han hecho ser famosa en el mundo entero, y no dejen morir a las personas que tienen la desgracia de sufrir problemas de salud, por accidentes o aspectos clínicos.

Duele igual, porque la muerte es y sigue siendo la muerte.

23 años, un buen alumno, todo un futuro por delante, y venir desde tan lejos a morir en el piso frío de una recepción de la Cruz Roja en Victoria como que no es el mejor recuerdo que podría haber de Luis ni para su familia.

Y entonces nos ponemos a pensar en la necesidad de hacer una concienzuda evaluación para que la Cruz Roja deje de ser botín de algunos, escaparate de otras, y cumpla con el objetivo humanista y solidario con el que fue creada hace ya muchos años, y que le ha ubicado en un privilegiado sitio dentro del corazón de cada persona que ha tenido necesidad de ella, o de sus familiares.

Como Luis, ha habido muchos casos. Ojalá se ponga orden en la Cruz Roja y ya no se sufran más perdidas, menos de chicos valiosos que, como Luis, dejaban su vida en cada acción y actitud.

Descansa en paz, Luis Aguilar.

Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

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