En diciembre, la verdad sobre corrupción en Tamaulipas: Ochoa Reza

Por Carlos G. Cortés García

Hace un par de días, en una entrevista ofrecida por el Presidente Nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, a un medio nacional, sentenció un argumento que le dio gusto a muchos tamaulipecos: “Si, están siendo investigados y están las investigaciones en curso bajo la Comisión Nacional de Justicia Partidaria ya existente en los casos que se han señalado de Tamaulipas, o de Michoacán o de Quintana Roo”. https://www.youtube.com/watch?v=36s6ZK9MIQc

Enrique Ochoa Reza, Dirigente Nacional del PRI

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Esa fue una luz al final del túnel para los priístas de Tamaulipas quienes se declaran prácticamente hasta la coronilla de los abusos de poder de sus ex dirigentes: seis años de un mal gobierno en el estado, seis años de órdenes, humillaciones y abusos de los altos mandos, y en algunos municipios, como es el caso de Reynosa, con José Elías Leal, tres largos años de hartazgo, robo, soberbia y un uso excesivo y abuso de los dineros públicos y excesos para con los trabajadores y trabajadoras municipales.

Parecía que el mal sueño de los priistas habría terminado el pasado 5 de junio, con una elección en donde el tricolor mordió el polvo debido al hartazgo de la sociedad, quienes se aburrieron del derroche de los recursos públicos en proyectos que sólo sirvieron para ser el parapeto de los dineros que engrosaron sus cuentas bancarias, como la famosa “Ciudad de las Familias Infelices” prometida por el ex alcalde de Reynosa, José Elías Leal, y que resultó en una balandronada, donde algunos pocos se ganaron de manera deshonesta y ofensiva una millonada de pesos. Y todavía aseguraron que ese bodrio “era apenas la primera parte del proyecto y que faltaban otros 50 millones de pesos para dar “lucimiento cabal” a la obra del ex alcalde reynosense, el que, por cierto, también dejó hasta el copete a los ciudadanos de Reynosa.

¿Dónde quedo la sencillez de José Elías Leal? ¿Dónde dejó la humildad el ex alcalde? ¿Dónde dejó su bonhomía? ¿Pues no que iba a ver que quería Reynosa? ¿Pues no que iba a gobernar para todos? Para nadie es un secreto que José Elías Leal gobernó para él y para su pandilla. Cero obras, muchos moches, dejó endeudadísima a la actual administración municipal derivado de una gestión no sólo ineficiente sino abusiva. Y sí, hay otros personajes metidos en este lío. Se le puede acusar a su hermano Luis Elías Leal de ser la mano que meció la cuna; se le puede acusar al ex tesorero Ahmed Kadour Rodríguez de abusivo y delincuente; se le puede acusar a Mariana Valencia de haber pedido moches todavía en los últimos días de gestión en pagos que hizo a los medios en efectivo, y que se llevó bienes propiedad del Ayuntamiento, pero, la responsabilidad legal es, todavía, de José Elías Leal.

Le decía yo que los priístas habrían vuelto a respirar después de los tristes resultados de las elecciones del pasado 5 de junio, porque los responsables de la zapatería, encabezados por el ex Gobernador Torre estarían por irse. Pero no, no conformes con todo este antecedente, y para demostrar quien tiene el poder en el PRI de Tamaulipas, surgió la planilla naranja, en donde Egidio, su sobrino, el Diputado Local Carlitos Morris, la ex Diputada Local Olga Sosa y la ex aspirante a la presidencia municipal de Altamira, Griselda Carrillo, fueron los ganones, contra el enojo de muchos priístas, cientos, quizás miles, quienes hoy amenazan con romper y con quemar sus credenciales tricolores si no se da marcha atrás con ese absurdo de imponer al ex gobernador Egidio como parte del Consejo Político Nacional.

¿Pues qué no quieren los priístas volver a ganar elecciones en Tamaulipas? Haiga sido como haiga sido, dixit Felipe Calderón, Egidio y sus muchachos ya se fueron, ya se llevaron lo que pudieron, dejaron un estado francamente en la desgracia y al PRI lo sobajaron después de 86 años a ser la primera fuerza electoral en Tamaulipas. ¿No les parece suficiente?

Y en el análisis hubo razones de todas en Tamaulipas para que al PRI le fuera como le fue el cinco de junio: primero, los últimos seis años fueron los peores seis años de gobierno que los tamaulipecos pudieron vivir y podrán recordar. Segundo, el argumento líder en todo Tamaulipas usado prácticamente para explicar cualquier enojo o molestia ciudadana o cualquier cosa que ocurriera en tierras tamaulipecas: “Aquí no pasa nada”.

Tercero, fue manifiesto en el estado el uso y abuso desmedido de los recursos públicos, los financieros, los materiales y los humanos. Cuarto, la falta de obra pública fue escandalosa. Y la poca obra que hubo fue la que mayor margen de utilidad les dejó, aunque no sirviera para nada, como es el caso de la Ciudad de las Familias Infelices en Reynosa o la Ciclo vía con Obstáculos construida en la Avenida Tamaulipas de Ciudad Victoria.

Quinto, la derrota del tricolor fue producto del hartazgo ciudadano a los excesos del equipo del Gobierno de Egidio Torre Cantú. Y por ello, el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza debió haber pensado dos veces en recibir la nominación de Torre Cantú como Consejero Nacional, quien empino al antes invencible en tierras cuerudas.

Hoy los priistas ven las cosas de distinto color. Y no es sólo el caso de Tamaulipas, sino también de Veracruz, de Nuevo León y de muchas entidades que hoy gobierna la oposición producto de los excesos de quienes, tricolores, detentaron el poder.

Hoy hace falta una refundación priísta bajo nuevos esquemas y nuevas reglas: se requiere una gran reforma política al interior del PRI si es que quiere seguir en la competencia política; se requiere que emerjan nuevas figuras, con cimientos sólidos de la transparencia y la rendición de cuentas para un partido que quiera ser exitoso; se requiere encontrar nuevas formas de relacionarse en el futuro, y no vertical, entre dirigentes, militantes y ciudadanos, basados en la confianza y en el trabajo de resultados. Si no le entran a esta premisa, si no se comprometen a cambiar, el futuro para el tricolor se ve muy oscuro. Y el ciudadano los va a cambiar como sucedió en Tamaulipas. Tiempo al tiempo.

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Enrique Ochoa Reza, Dirigente Nacional del PRI

 

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