Entre Nos ... Nadie por encima de la ley

 

Por Carlos Santamaría Ochoa

Reza así un viejo dicho popular, que es muy común escuchar en esos funcionarios que no tienen idea de a donde se meten o cómo lo dicen, porque, a decir verdad, muchos de nosotros, ciudadanos comunes y corrientes no hemos visto que realmente se apliquen las leyes.

Y es que los seres humanos somos curiosos, o al menos aquí, en Victoria y Tamaulipas: pedimos al gobierno que sea estricto en el cumplimiento de la ley y manejamos sin licencia, sin cinturón de seguridad, sin placas y sin pagar tenencia.

Exigimos al alcalde Oscar Almaráz se conduzcan con honestidad los servidores públicos del Cabildo de Victoria, y vamos a pedir condonación de multas o a que nos quiten los recargos de un impuesto que no cubrimos oportunamente.

Criticamos la ley de alcoholes y los días “secos”, pero nos enojamos cuando vemos que hay borrachos por todas partes y la autoridad no interviene.

¿Quién nos entiende, entonces?

La Contraloría estatal ha dado a conocer que se han encontrado un sinnúmero de irregularidades producto de los muy malos manejos de la pasada administración, sin embargo, han citado a algunos a declarar, pero a dos meses no hemos visto que se ejerza acción penal contra uno de todos los que nos saquearon y viven en una inhumana y deshonesta opulencia.

Y entonces, exigimos que se cumplan las leyes.

En otros ámbitos se violan las leyes por vividores que han estado incrustados a un sistema que les ha hecho millonarios, y la autoridad no entendemos por qué no actúa con el rigor que exige una ley que no es flexible porque no debe serla.

No entendemos a veces qué acontece, por qué se tientan el corazón para castigar a los corruptos y vividores, cuando Tamaulipas en general votó por un cambio, una opción que nos permita vivir decorosamente y sin trampas.

Muchos casos hay de personal inclusive sindicalizado que no ha cobrado en uno o dos meses, siendo retenidos sus salarios de una manera arbitraria e ilegal, pero que nadie se atreve a denunciar por temor a las consabidas represalias, o porque luego nos aplican un “correctivo” drástico.

Entonces, ¿Queremos vivir dentro o fuera de la ley?

No podemos solapar a nadie que circule sin placas oficiales, tenencia cubierta, licencia al día y cinturones de seguridad, amén de no ir alcoholizado. No es posible pedir “una chance” por esta vez, cuando todos sabemos lo que dice la ley.

No nos engañemos.

La gente pidió un cambio, y cree que los malos servidores públicos “de que se van, se van”, pero queremos que se vayan los que hicieron fortunas, no los trabajadores que han sufrido acoso político y laboral, y hoy en día trabajan en condiciones de riesgo y humillaciones.

Nadie, entiéndanlo, está por encima de nadie: no existe un individuo que sea superior a otro en su calidad humana, y nadie tenemos por qué aguantar humillaciones, menos, de un grupo de arribistas que han llegado a la entidad provenientes de muchos sitios, dispuestos a vivir del presupuesto con una bandera que les es ajena.

No tienen por qué ser groseros y déspotas: la educación no riñe con ningún partido político o ideología partidista; son cosas distintas el tener preferencias políticas que necesidad laboral.

Pero todos coincidimos en el hecho de que la ley debe aplicarse en su totalidad, sin distingos, a los casi 3.5 millones de tamaulipecos, porque todos tenemos los mismos derechos. Así de claro, así de contundente debe ser.

Y quienes piensen que la libraron, que no canten victoria, y que los que han llegado no piensen que vienen a conquistar Tamaulipas: esta tierra ya estaba descubierta y conquistada, liberada y ha sido protagonista de grandes valores humanos.

Nadie viene a ser el único e indivisible héroe de nosotros. No necesitamos eso, necesitamos un gobierno eficiente, competente y honorable.

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