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Entre Nos … La ciber cantina y la ley

Entre Nos … La ciber cantina y la ley

Por Carlos Santamaría Ochoa

Cuando el columnista inició con sus estudios profesionales en la ciudad de México, formó parte del grupo de la Primera Escuela de Periodismo “Carlos Septién García”, la mejor del país; ahí nos enseñaron muchas cosas, entre otras, a manejar una libreta de fuentes, a buscar entrevistas y declaraciones… a constatar siempre la información.

Los principios básicos del periodismo; los profesores eran periodistas consumados, prestigiados y honorables. Nos enseñaron muchas cosas.

Hoy ha cambiado el asunto, y no nos parece que para bien.

Ahora, los funcionarios publican en Twiter o Facebook y piensan que ya están informado a la sociedad: creen que ya no necesitan al periodista, y más grave aún, otros consideran que las redes sociales sustituyen a los jurados y tribunales. Nada más falso y ofensivo que lo anterior.

Con publicar en Facebook no arreglamos nada. Vea usted: medio México está ofendido con el alza a la gasolina: todos mientan la madre al gobierno y a su titular, pero no se ha atendido nada ni arreglado el asunto. Todo sigue igual.

Hace muchos años, vimos en películas que los asistentes a las cantinas “arreglaban” todo ahí, y surge la frase “estamos arreglando el mundo”, que se trasladó a los cafés posteriormente. Por su parte, en los lavaderos las que hacían labores domésticas atendían todo tipo de chismes. Igual que Facebook, donde todo mundo publica si está enca…enojado, si le cae mal alguien, si tiene hambre o no.  Vanalidades que no ayudan en nada.

Pero nuestros políticos y servidores públicos, oficiales y estudiantiles quieren arreglar el mundo con un chisme o un video que suben a Facebook, jugando con las emociones de los que, ignorantes ante todo, caen en su jueguito de chantaje.

Cuando a alguien se le acusa por fraude, hay que demostrar EN EL TRIBUNAL que no es un ladrón; cuando se le acusa de haber sido un acosador sexual y un contumaz depravado que aprovechó sus influencias para lograr sus bajos instintos, debe demostrarlo en un juicio y no en su “Face” o el de sus seguidores.

Pero los jóvenes, muchos, ajenos a los requerimientos legales, les siguen el juego y los hacen pensar que van a triunfar por haber publicado y obtenido muchos “likes”, que se obtienen fácilmente cuando se manipula un ordenador.

El orden y la legalidad no surgen con Zuckenberg: existían en la figura del juez, de la autoridad, y en ese sentido, tenemos que entender que por mucho publicar y obtener un signo de simpatía de quienes manipulamos dando información a medias no garantiza que nuestras pillerías sean perdonadas.

Si alguien se siente ofendido, si cree que las cosas están mal, acuda a una instancia judicial y no al Facebook: es más fácil que pueda arreglarlo así que por chismes.

Harta, fastidia, enoja la telenovela que nos han entregado en capítulos donde se desvelan sentimientos encontrados y hasta quien protagoniza llora por cosas que no tienen sustento, pero la verdad es que no tiene base legal para hacer lo que ha hecho, y la autoridad, en forma inmediata, debe aplicar el rigor de la ley en ese sentido.

No podemos permitir tanta difamación en redes sociales a través de grupos oficiales que, por más redes sociales que sean, no dejan de confundir a la opinión pública. El Facebook no es una fuente de información que pueda tener toda la validez del mundo, porque hay chantajistas, extorsionadores y tramposos manipulando su contenido, sin que quiera decir que todo es malo.

Como periodistas, debiéramos constatar lo que ahí dicen, y la sociedad, si quisiera ser más inteligente, debería atender el llamado a la verdad y no a la diatriba y la difamación, que mucho daño están haciendo a México y a nuestro estado.

Es hora de aplicar la ley y hacernos responsables de nuestros actos.

En medio del maremágnum de noticias

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