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Entre Nos … ¿Más combate a la corrupción ? ¿Para qué?

Entre Nos … ¿Más combate a la corrupción ? ¿Para qué?

Por Carlos Santamaría Ochoa

 Hace muchos años, en la Iglesia de San Juan de Los Lagos, conocida como “San Juanita”, en esta ciudad, Monseñor David Martínez Reyna declaraba a algunos reporteros que nos habíamos congregado que, si el hombre fuera buen cristiano, si observara los diez mandamientos “no habría necesidad de tanta ley”, y explicaba el por qué es la base de todo.

Por otra parte, recordamos que hay quienes aseguran que lo limpio, lo ordenado, lo honesto y la educación se maman en la casa, es decir, que no hay qué hacer muchas cosas para poder ser hombre de bien.

Al columnista llama poderosamente la atención el hecho de que han propuesto algunos cambios en la Constitución local, a efecto de hacer más rígidas las medidas contra la corrupción, y viene el pensamiento: ¿Para qué tanto alboroto?

Se supone que tenemos un Código Penal y un Código Civil, redactados bajo la tutela de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, por lo que debe contener todos los puntos que hay que observar.

Y el que es pillo, pillo será.

El que roba, puede llamar sus acciones de mil formas, pero obtener un beneficio material o de otra índole sin consentimiento de la parte que era su propietaria se llama “robo”. Así de simple.

Y el robo está tipificado desde hace muchos, pero muchos años en las leyes que los seres humanos hemos hecho para no cumplirlas.

¿Por qué, por ejemplo, habría de perdonar a Alejandra Barrales en su omisión de la declaración de su “departamentito” de 990 mil dólares?

Seguramente es dinero mal habido, porque, si no, lo hubiera declarado sin tapujos.

Igual Andrés Manuel, el pastor de los inconformes, o los gobernadores priístas y panistas que hemos visto desfilar en las noticias. En Tamaulipas, tenemos una lista de sinvergüenzas de todos conocidos que sabemos, son unos pillos sin escrúpulos.

Entonces: ¿Para qué una ley especial? Simplemente habrá que ajustar las existentes, y castigar a todos los cómplices.

Anotamos: los diputados que aprobaron esas cuentas públicas, juzgarlos por omisión y complicidad; a los tesoreros, por haber sacado el dinero  -con o sin permiso- sin previo protocolo legal; a los beneficiarios, que eran gente común y corriente y ahora son millonarios, nuevos ricos, pues.

Y así podemos irnos, hasta llegar a los ex-gobernadores.

¿Cómo puede decirse que uno es de casa bien nacida cuando se ha hecho multimillonario en seis años?

¿O de qué se trata?

Y si nos apura un poco más, habría que acusar complicidad de quienes tienen a su cargo hoy en día el Congreso y la Contraloría, porque ellos saben de las rapacerías cometidas antes, y no han procedido como nos prometieron.

No quiere la gente ver sangre, lo que quiere es justicia y que se ponga un freno a los voraces pseudo servidores públicos que siguen pidiendo “moches” para obras y adquisiciones, para los que hacen obras sin la calidad contratada, o los que venden productos en mal estado y con precios inflados.

¿O piensan que somos idiotas y no vemos todo eso?

Es distinto el que seamos un pueblo pusilánime a ciego, y la gente se da cuenta de estos horrores administrativos que venimos padeciendo y seguimos sufriendo.

Y no vemos a quien pague por este crimen tan alto.

Dejemos de saludar a esos, de pedir nuevas leyes y exigencias al Congreso, y hagamos que se cumplan las leyes. Monseñor David Martínez tenía mucha razón, y hay que aplicarla.

Y el que tenga doble moral, dinero mal habido, o una acción deshonesta, que pague las consecuencias, sin necesidad de perder el tiempo en leyes más para presumir y cacaraquear que para hacer justicia.

No queremos una nueva ley anticorrupción, lo que queremos es que paguen los que nos han saqueado, y que ya nos saqueen más.

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