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Vértigo

Vértigo

 

El vértigo, para quienes lo hemos padecido, no es tan grave como se siente, pero puede ocasionar la muerte.

Alguien señalará de alarmista el comentario, sin embargo, cuando una persona va caminando por la calle y es víctima de las secuelas del vértigo, puede caer intempestivamente, es decir, de repente y dañarse en la cabeza con algún objeto contundente o punzocortante. Ese es el peligro del vértigo: no lo que hace, sino lo que puede provocar.

Y en ese sentido, muchas personas sienten vértigo que es un mareo ocasionado por diversas razones según explican los otorrinolaringólogos. No tenemos el espacio para explicar, pero sí podemos decir que es un mareo y la gente se pierde de la realidad. Es algo así como querer sentirse volar y no tener alas, o querer ser lo que uno nunca podrá por sus condiciones naturales, sociales y culturales.

Y hoy en día, muchos conciudadanos están enfermos de vértigo, porque es una de las enfermedades de temporada. Sus síntomas vienen acompañados de diversas dolencias, pero entre todo este maremágnum podemos decir que sienten como que son únicos y no deben voltear hacia abajo; otros, pretenden que se les tome en cuenta por su abolengo y no atinan si siguen en el mismo camino o cambian de rumbo, para poder estar a tono, no con el servicio a los demás, sino con sus ambiciones personales.

El vértigo político es fuerte, y ya hay muchos mareados, que seguramente dentro de muy poco tiempo van a ser sometidos al riguroso análisis popular que los ubique en su verdadero sitio.

No podemos negar que México en general, en sus tres niveles de gobierno vive un panorama poco propicio para el desarrollo de un proceso democrático, dado que los “usos y costumbres” indican que quienes gobernarán serán los que imponga quien gobierna hoy en día.

Y todos procuramos no hablar de ello, pero sabemos que para ser candidato se requiere una recomendación de allá, arriba, donde las decisiones se toman, a veces, con inteligencia, y a veces con el corazón.

Nadie quiere incomodar a los que toman decisiones y no contravienen sus decisiones que muchas veces se convierten en imposiciones, pero el que vota, el ciudadano, el de a pie no tiene por qué perdonar esas cosas y luego en las urnas muestra su acuerdo o desacuerdo a las decisiones tomadas.

Pero lo más grave es ver ese peligroso chapulineo que se ha incrementado notablemente para este proceso electoral, y que nos muestra la forma en que candidatos de todas las fuerzas están ya con otros, no agrupados, sino amafiados, buscando llegar al cargo, seguramente, para muchas cosas, menos servir a los demás.

Y lo más triste del caso es que muchos de los comentarios de estas perso-nas son en razón de difamar, herir, lastimar a los demás, descalificando su accionar por el servicio público, sin entender que a los ciudadanos no nos interesa que estén peleados y que se den golpes con todo, sino que nos gustaría escuchar las propuestas en materia de desarrollo.

Por ejemplo, si alguien nos dijera qué se puede hacer para que los mexica-nos recuperemos un poco el valor adquisitivo, y la inflación no nos sea tan difícil.

Eso lo apreciaríamos más que una sarta de mentiras y difamaciones de uno contra otro. No es el camino, y es tiempo de dejar de caminar mareados, pensando que somos la única opción, y enfrentar una realidad: hay que ganar la confianza del ciudadano, hay que ganar la confianza de todos para poder llegar con una victoria.

Porque ahora, el fraude electoral está a un punto menos que imposible, por la extrema vigilancia ciudadana, y quienes gustan de esta práctica tendrán que hacerse a un lado, so pena de ser ventilados, exhibidos y encarcelados.

Entonces, dejen de pasear por allá, mareados con sus afanes de gloria, y aterricen las propuestas para nosotros, por favor.

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