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Las redes sociales: ¿basura informativa?

Las redes sociales: ¿basura informativa?

El creador de Napster, plataforma de descargas que en los años noventa hizo estragos en la industria discográfica, de nombre Sean Parker, volvió a llamar la atención al hacer uso de la palabra para manifestar su arrepentimiento por apoyar el surgimiento y desarrollo de Facebook, la red social más demandada en la actualidad.

Este hombre fue en 2004 el primer presidente de la plataforma de Mark Zuckerberg, y dijo que para conseguir que la gente permaneciera mucho tiempo en la red había que generar descargas de dopamina, pequeños instantes de felicidad, y que éstas vendrían de la mano de los me gusta de los amigos.

Hace un análisis y dice que lo anterior “explota la vulnerabilidad de la psicología humana” y que a sabiendas de que sucedería, lo hicieron, él y otros más que manejaron la creación de otras redes, como es el caso de Instagram.

Hace alusión junto con otros analistas el hecho de que en las redes hay mucha, pero mucha información falsa, hoy conocida como fake news, que es el término que se le ha dado a la mentira generalizada.

En el artículo que publica el diario español “El País” se hace alusión también a lo que dijo un ex funcionario de Facebook, quien aseguraba que las redes sociales están desgarrando el tejido social.

Grave, muy grave… muy real.

Vemos que la mayoría de nuestros conocidos, de todos estratos, sexo y edades andamos como zombies en torno a nuestras redes sociales.

La gran parte de accidentes de tráfico se están registrando en el mundo porque manejamos idiotizados con el móvil en una mano y el volante en otra, como pensando que somos muy importantes o muy “chic”; el asunto es que supone el individuo que es de moda y de gente de altos niveles sociales tener cuentas y consultarlas en todo momento.

Como si fuéramos tan importantes como para tener que contestar en este momento el mensaje. Como si no pudiéramos esperar unos minutos a llegar a nuestro destino…

Ya las convivencias han pasado a mejor vida; cheque usted en una cafetería donde antes los “grillos” se juntaban para arreglar el mundo, como decían, y hoy todos están buscando qué compartir en el Whats App, o están navegando en el Facebook, como zombies -por no decir idiotas- , creyendo que todo el mundo está preocupado por mandarnos el último meme de Meade o del Peje, y con eso pensamos que ya tenemos vida social: falso de todos los falsos.

Además, la información que circula y que es falsa abunda. Estamos expuestos a perfiles anónimos y falsos que difaman a cualquier persona, grupo, institución o más, y que en el cobarde anonimato insultan y vejan, suben -así se dice al hecho de incorporar información de cualquier tipo- fotos editadas o audios distorsionados, así como otras cosas de pésimo gusto.

Desvirtuamos el sentido de las redes sociales, y nos hacemos los que no sabemos el daño que nos hace.

Llegamos a casa y cada uno está en su red social con sus amigos, aunque de repente comparte algo con los que ahí están, pero deja de compartir la convivencia, la comunicación afectiva.

Hoy, con un simple corazón electrónico sustituimos el “te amo” que decíamos a ese ser querido, o cuando alguien fallece, Subimos un emoticono lloroso y con eso nos justificamos.

y, ¿dónde está la capacidad de comunicarnos?

No cabe duda, hemos perdido la sensibilidad humana, y parece que no tenemos el menor interés en recuperar esto que realmente nos está llevando a un “Fake world”, es decir, a vivir, como dijo José Alfredo Jiménez en una ocasión: “a un mundo falso”.

Y todos felices por el embrutecimiento del que somos objeto.

NOTA: Si está de acuerdo, déle “like” a la columna, si no, ponga un emoticono de enojo.

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