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Cosas Buenas

Cosas Buenas

Por Javier Rosales Ortiz

Mucho, tal vez demasiado, se habla de ellos y no de muy buena manera, simplemente porque su trabajo es muy delicado, está en la mira de todos y la comunidad está pendiente del paso que dan y del que no dan.

Y es que ellos me dieron una lección que es nueva, que me dejo con los ojos abiertos y que me puso la piel chinita, porque a los elementos policiacos se les relaciona con la prepotencia, con la perversidad y con un estate quieto.

Y cómo no, si fui testigo, a solo unos metros, de algo distinto, tan peculiar y tal vez insignificante, porque pinta otra cara de aquellos que salen a la calle para garantizar nuestra seguridad, lo cual de por si, en este momento, es una labor titánica porque Victoria, Tamaulipas, es la ciudad que ocupa el octavo lugar en materia de violencia a nivel mundial.

Pero vamos al detalle.

Eran las 14:OO horas de este miércoles en el cruce de la calle 16, en contra esquina del SUTSPET, lugar donde hacía el alto obligatorio, cuando de pronto circuló rápido una patrulla de la Policía Estatal, la cual encendió la torreta y se detuvo casi en la esquina.

A unos metros estaba un joven que le falta un brazo y con un tapabocas –lo que significa que está enfermo- y pedía caridad a los automovilistas. El copiloto de “los negros” saco la mano y le pidió que se acercara. Sorprendido, tal vez con miedo, el muchacho se resistía a atender la invitación, puede ser porque siempre que se detiene una patrulla significa que se va a actuar en contra de la persona.

Y es que observar a una, a dos o tres patrullas siempre tiene relación con un hecho de violencia y, ni modo, ese es su trabajo.

“El negro”, volvió a llamar al joven minusválido y él, con los ojos muy pelones, paso a paso se fue aproximando a la unidad con la cara invadida por el temor.

El agente policiaco lo miró a la cara, dirigió su mano hacia el asiento, como lo hacen para apretar una pistola, pero tomo una charola de comida, la cual entrego al jovenzuelo sorprendido.

Tal vez por su mente cruzo que lo iban a detener por estar pidiendo caridad en la vía pública.

O puede ser que pensó que le iban a meter mano porque lo confundieron con un halcón, si, esos sujetos que andan en malos pasos y que son tan difícil de enderezar.

Acto seguido la patrulla siguió su camino y el minusválido se sentó en una bardita, abrió la charola y con gusto descubrió que era comida, la cual de inmediato saboreó.

Los policías tal vez nunca se van a enterar que algunos conductores que también fueron testigos de este suceso les aplaudieron y de hecho a dos mujeres se les escaparon las lágrimas.

Puede ser que con este hecho tan pueril se arrancaron por un instante la imagen tan deteriorada que siempre han conservado todos aquellos que se dedican a la seguridad pública, a quienes a veces se les acusa de violadores de los derechos humanos.

Demostraron, con esta acción, que ellos también tienen corazón y que al igual que todos los mueve, los estremece y los impacta que se cruce en el camino un minusválido que grita, que se humilla y que batalla para poder sobrevivir.

Bueno es, que ya se dejen querer y que los ciudadanos los vean con cariño y con admiración y no con temor.

Y es mejor, que se aflojen para permitir que se les dé pinceladas en la cara y que se logre fabricar el rostro perfecto que incansablemente busca el Gobernador de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, para los elementos policiacos.

Mi respeto y mi admiración para estos dos “negros”.

Dignos conductores de la patrulla.

760.

Correo electrónico: [email protected]

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