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¿Enfermos terminales?

¿Enfermos terminales?

Cualquiera pensaría que se trata de esas personas desahuciadas por la medicina, y que tienen sus días contados, pero no: se trata de los partidos políticos que pese a sus alianzas “contra natura” que han efectuado, se resisten a morir en una sociedad que ya no los quiere, y está harta de trampas, chanchullos y esas tonterías que vemos diariamente, y que cínicamente manejan todos, sin distingo alguno, los que se dicen representantes de un instituto de esta naturaleza.

Vemos cómo la prensa consigna todo lo que acontece en las campañas, y lo que pasa cuando se unen unos de izquierda con los de derecha, o los que alguna vez estuvieron renegando de un régimen del que ahora son representantes únicos y plenipotenciarios, con todas las de la ley y además, presumen con sus amistades y familiares el poder de designar a sus más allegados a todos los cargos.

La verdad es que la política está muy devaluada, y sucede con ella lo que con otras actividades como la nuestra, donde las llamadas Fake news se han apoderado de las redes, y lo más peligroso es que las siguen millones de personas y las dan por reales en muchas ocasiones.

La devaluación de la información y de la actividad de servir a los demás. Vamos mejorando esta sociedad con menos valores cada vez, y con menos convivencia, gracias a esas maquinitas que os idiotizan y nos hacen por ejemplo, por qué subió de peso Luis Miguel, o qué ha sucedido con los Peluches en los últimos años: si Federica sigue igual de loca o ya Ludovico despertó de su letargo.

Los enfermos terminales de los partidos políticos están graves: tienen síntomas difíciles de comprender y pasan por situaciones difíciles porque saben que la ciudadanía ha perdido la confianza en ellos.

Luego de ver la pléyade de vividores, bandidos y cómodos juniors que surgen cada seis años, ya estamos fastidiados de ver la podredumbre, y los partidos lo saben, porque quienes los dirigen son todo, menos tontos.

Entienden que estamos hartos de trampas y cosas así, y siguen haciendo las mismas cosas que tanto daño nos hicieron antes: como que no han comprendido la lección y nos siguen tratando como tontos, o al menos eso creen ellos, porque la gente se cansa y ya ve usted lo que sucedió en Tamaulipas, por ejemplo, hace dos años, o lo de hace doce y seis años en el país, cuando el PAN tuvo sus oportunidades de cambio y las echó a perder como buenos partidistas, igual de ineficientes que los de antes.

Y así han jugado todo este tiempo, hasta que enfermaron de muerte. El diagnóstico: ciudadano-fobia, es decir, el odio, coraje y repulsión que tiene la ciudadan´9ia al ver que siguen viviendo como sultanes, conduciéndose como monarcas, y haciendo de cada instancia de gobierno un pequeño reinado.

Y los candidatos siguen igual, y han unido fuerzas anteriormente intratables, con el único fin de hacerse del poder, porque es lo único que realmente importa: el poder por el poder.

Ya no creemos cuando alguien salta y dice que quiere gobernar para servir, porque hemos sido engañados tantas veces…

Y en ese sentido, siguen muriendo poco a poco: porque ya no los queremos, no confiamos en ellos, y porque nos siguen engañando y ya no queremos que nos vean la cara más.

Porque estamos cansados de sus falsas promesas y excesos, y porque la gente busca ya que haya honestidad en los sistemas de gobierno.

Ahora, los partidos políticos tendrán que hacer mucho más en menos tiempo para volver a ganar la confianza y credibilidad de sus representados, de sus acarreados y de todos en general.

Si es que quieren seguir gobernándonos y seguir viviendo como lo han hecho hasta ahora: con poca chamba, mucho dinero y muchísimos privilegios.

Aunque, a fuerza de ser sinceros, la ciudadanía ya no quiere eso: queremos un verdadero cambio, pero para bien, por favor.

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