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El hilo negro de la información

El hilo negro de la información

Resulta altamente interesante darse un banquete literario con textos que hablan de una problemática que nos está afectando muchísimo y que ha puesto de moda el presidente de Estados Unidos Donald Trump: las fake news o noticias falsas que siempre han existido, pero que hoy, con la moda de los novedosos se piensa que Trump y su grupo de colaboradores desarrollaron como la teoría de las fake, en aras de mostrar al mundo como se hace periodismo.

Entendamos antes que nada que el principal afectado por esta serie de notas es el propio periodismo y, por consiguiente, la sociedad que hoy en día no tiene idea de lo que lee, no sabe qué es cierto o no, y está inmersa en un mundo de información sensacionalista, amarillista y falta de valores periodísticos, en una corriente que algunos han dado en llamar “periodismo ciudadano” y que, inclusive, tiene varios textos académicos sobre su desarrollo.

Sin embargo, otros detractores de esta corriente “ciudadana” no dejan de pensar que el llamado así no es más que un cúmulo de mentiras y rumores tan falsos como una moneda de papel: la acción que más daña al periodismo y orilla a la sociedad a inventarse cosas.

El grave problema es que usted y nosotros tomamos nuestro teléfono móvil y mediante Facebook vemos tal cantidad de diatribas y mentiras sobre los cuatro candidatos a la presidencia, en forma de video, texto o audio, y que realmente insultan la inteligencia de lo menos favorecidos, es decir, que no se puede creer que la gente piense que tales cosas son realidad.

En la escuela de periodismo nos enseñaban antes a buscar la información, encontrarla, corroborarla, confirmarla y, entonces, podría ser considerada por el medio para el que trabajábamos.

Hoy en día, dicen algunos autores, los dueños y directores de medios se lavan las manos como modernos Pilatos del periodismo diciendo que la información es únicamente responsabilidad del firmante.

Se quitan toda tutela de esta sin entender que el medio es el que presta su prestigio y solidez. Hay fake news que surgieron en el New York Times y diarios de ese tamaño, y con una tranquilidad escribieron después que despidieron al reportero por mentiroso, cuando el daño a la sociedad ya está hecho

Recordemos los múltiples escándalos que hemos leído en Facebook. Imagine el lector que todo lo que se escribe de los candidatos nuestros fuera verdad, es sencillo lo que pasaría, porque al menos los cuatro estarían recluidos en un penal.

Mentiras, artimañas sucias, cosas que surgen para vender y no para informar son las que han dañado a nuestro periodismo.

Hace muchos años, don Carlos Velázquez me regaló una entrevista donde explicaba que un accidente carretero había derribado un poste y un transformador, propiciando que el pozo de la zona norte se vaciara porque estuvo 4 horas sin funcionar. La nota decía precisamente eso, y cual sería la sorpresa del reportero cuando al día siguiente, a ocho columnas: “Coapa culpa a CFE de desabasto”.

El enojo fue mayúsculo y hubo que exigir al director editorial enmendar tal sensacionalista error; contestó: “Eso vende, no te preocupes, te llevaste la de ocho”.

La desfachatez con tal de vender información sea o no real, surge de los mismos medios cuando no hay formación adecuada, y porque existe un público que no exige la verdad.

Hace años, cuando un periodista escribía basado en rumores o mentiras, era muy severamente castigado por sus lectores, y su prestigio se iba a la coladera. Hoy, pareciera que no nos ocupa mucho, porque en Facebook no llenamos con tantas versiones y mentiras que inundan nuestros aparatos tan costosos.

Urge tomar medidas, tomar conciencia y dejar de compartir esas noticias que no nos constan. Recordemos: el periodista hace periodismo, la sociedad, consume noticias, no las hace.

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