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¿Qué trabajo nos cuesta?

¿Qué trabajo nos cuesta?

No es nada agradable ir a un centro comercial en la capital tamaulipeca y encontrar que los cajones de estacionamiento para discapacitados están siempre llenos con automóviles de todo tipo, siendo más los de lujo que otros, pero que igualmente violan una ley que no se le toma en cuenta.

Hace muchos años, un dueño de tiendas comerciales decía que no podría pedir a Tránsito que interviniera, porque afectaba a sus clientes y podría perder algunos.

Razonamiento por demás ilógico. Si usted viaja a los Estados Unidos, no se le ocurra invadir un cajón de éstos porque la policía le detiene e infracciona, y las multas son altísimas. Aquí, no pasa nada porque nuestra autoridad no exige, porque tienen muchos compromisos con la gente de las empresas o por vaya usted a saber qué, pero el caso es que la ley es letra muerta.

Tiempo es que nos unamos y exijamos que, lejos de estar en bulevares lejanos con su pistolita para sorprender a los que “sobrepasan la velocidad límite” y multarlos, que algunas patrullas se vayan a los centros comerciales que usted y yo conocemos y apliquen las multas que en todo el mundo son muy severas… menos en Tamaulipas.

La gente se estaciona ahí “nomás tantito”, porque “al fin no me tardo” y otros pretextos fuera de lógica; también, porque son pertenecientes a una mal llamada “clase” política, a un partido o son funcionarios, con una educación de lo más ínfimo, a juzgar por su prepotencia y actitudes.

Imagine el lector si multaran a todo cuanto se estaciona en esos lugares… la autoridad tendría para pavimentar mucho de lo que nos hace falta, o para arreglar los semáforos que a cada rato se descomponen por falta de refacciones y mantenimiento.

Y los demás, tendríamos que vivir dentro de la ley.

Sin embargo, tenemos a un departamento de tránsito que no se atreve a actuar contra los que tienen vidrios polarizados, contra los que se estacionan mal, los que se pasan luces rojas y más, aunque su jefe es muy bueno para amenazar a la ciudadanía, con una muestra práctica de lo que es ser falto de formación, educación y humildad.

Tiempo es que exijamos, insiste el columnista, y que pidamos que para que se de permiso a un estacionamiento de un centro comercial, se le exija cumplir con las leyes, siendo la de los cajones para discapacitados una ordenanza mundial que hay que respetar.

En ese sentido, nos gustaría proponer la aplicación de multas muy severas que pasen de 5 o 10 mil pesos -el lector pensará que estamos locos- porque es la única forma de no volver a infringir la ley.

Si seguimos con multitas de 100 o 20º pesitos, nunca vamos a aprender, ya que la falta de cultura cívica nos lleva por esos caminos. Hay que ser enérgicos, buscar que el infractor consciente escarmiente realmente y que todos respetemos una ley que está, y que podemos no estar de acuerdo con ella, pero mientras esté vigente hay que respetar, nos guste o no.

Podríamos pedir al Cabildo de Victoria tome cartas en el asunto, y comencemos por respetar a nuestros conciudadanos con limitaciones que requieren estos espacios especial, y pedir a la autoridad energía y fuerza para cumplir la ley.

Porque de otra forma, seguiremos “charoleando” y presumiendo de tener amigos que nos quitan las multas y demás, y entonces, nunca vamos a ser respetuosos de la ley como lo hacemos cuando viajamos a EEUU.

Porque allá si nos multan, allá si nos castigan, por lo que pensamos que cuál es la diferencia entre los dos países, si somos los mismos automovilistas.

El respeto a la ley debe ser la base de una adecuada convivencia en todos sentidos. Si no las respetamos, difícilmente tendremos un estado de derecho, y podremos vivir bien.

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