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Una ley debe cumplirse

Una ley debe cumplirse

Muchas personas piensan que hay que ser flexibles en la aplicación de la ley, cualquiera que sea ésta; el tener reglamentos y ordenamientos obedece según nosotros, a establecer normas para una convivencia armónica en la que todos tengamos derechos y obligaciones, que todos estemos tranquilos y contentos, y que todos observemos reglas mínimas para poder estar con otros.

Es por eso que llama poderosamente la atención la declaración que hace un político de otro estado, en el sentido de que hay que revisar los sitios donde se dedican a la venta de bebidas y diversión nocturna, es decir, bares y demás: propone cerrarlos, revisar que cumplan con la ley y, en caso contrario, quitarlos.

No entendemos la postura, porque se supone que una autoridad está ahí para garantizar que vivamos bien, y una parte importante es el cumplimiento de las leyes existentes en ese momento.

Entonces, hay leyes de tránsito que, por ejemplo, gracias a la falta de aplicación de algunos elementos no se cumplen, y vemos, tristemente, que a diario mucha pero mucha gente circula sin cinturón de seguridad, con el teléfono celular en la mano o un bote de helada y sabrosa cerveza, para mitigar los efectos de la canícula.

¿Y la ley? ¿Dónde está el reglamento que prohíbe esas medidas que, principalmente son para garantizar nuestra propia integridad?

Pensamos que nos persiguen cuando nos obligan a cumplirla.

Tenemos, por ley, que pagar impuestos, que observar el reglamento de limpia, de construcción, de tránsito y sí podemos ir, uno en uno, con todos los que tienen que ver con nuestro desarrollo como personas, y que tiene que ver precisamente con hacer lo que queremos sin afectar a los demás, propiciando que todos tengamos un espacio propio para lograr vivir bien.

La autoridad debe pugnar por respetar los reglamentos, más, cuando su intención es provocar un bienestar comunitario.

Es aquí donde entran esos reglamentos y leyes que tienen que ver con el cambio climático, la contaminación, tala de bosques, depósitos de desechos y todo lo que concierne a mantener el planeta viable para vivir, y dejar de convertirlo en lo que prácticamente es: un despojo del ser humano donde todo lo malo se ha acumulado y provocado un daño irreversible, que seguramente podría revertirse un poco con el paso de décadas.

Es curioso: hay acciones que nos llevan segundos o minutos en realizar, pero su daño causa problemas que tardan décadas en desaparecer. El caso de los desperdicios de plástico, de dejar las ciudades sin áreas urbanas y muchas otras cosas ue afectan el desarrollo del individuo están latentes, ante una permisividad que asusta por parte de la autoridad.

Y en México, somos muy curiosos, porque tenemos tres niveles de autoridad: municipal, estatal y federal, y entonces, en cuando hay una irregularidad buscamos a quien culpar lejos de solventar la irregularidad, porque como que nos preocupa más a quien echar la culpa que solucionar.

Ya va siendo hora de que tratemos mejor al planeta y a nuestro entorno, y dejemos de afectar en forma por demás criminal e irresponsable, y nos pongamos una meta para mejorar.

Entendamos que la ley es para respetarse, cualquiera que sea ésta, y en ese sentido, debemos actuar y promover entre los nuestros, acciones que nos lleven a una mejor convivencia.

Nos urge a los seres vivos, porque de otra forma, estamos condenados a vivir esas escenas de películas de ficción, en las que tengamos que salir a la calle con mascarillas para respirar y otras cosas que nos permitan sobrevivir.

Es un futuro aterrador, pero ya nos está alcanzando por nuestro afán de no respetar reglamentos, leyes y ordenamientos.

¿Qué esperamos para vivir bien?

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