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Habemus Presidente

Habemus Presidente

Ayer ocurrió un hecho que sin duda quedará registrado en la historia contemporánea de nuestro país: Andrés Manuel López Obrador recibió su constancia de mayoría como presidente electo, por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Ello significa que López Obrador ya es presidente y sólo tendrá que esperar al primero de diciembre para asumir constitucionalmente la responsabilidad legal. Y entonces sí, a cumplir.

Y el presidente tendrá pasar de las promesas a las acciones, deberá de reunirse con todos los gobernadores del país, deberá transformar sus programas y promesas de campaña en acciones y tendrá, obligadamente, que tener un diagnóstico muy puntual de la circunstancia que vive la nación.

Mexican President-elect Andres Manuel Lopez Obrador shows the certificate that formally installs him as the country’s next president, outside the headquarters of the electoral authority, in Mexico City, Mexico August 8, 2018. REUTERS/Henry Romero

 

Y en ese diagnóstico tendrá que escuchar y trabajar para enfocar sus baterías en los temas de combate a la corrupción, impunidad, violencia, pobreza y desarrollo económico. Esos, me parece, son los retos para la próxima administración federal.

Y me parece, pues, que el presidente electo de México deberá demostrar que tiene la inteligencia necesaria para hacer un gran equipo que se llame México, donde todos somos necesarios, más no indispensables, claro. Y en ese todos me refiero a todos. Cada quien debe poner su granito de arena en la construcción de una patria más equitativa, con mejores oportunidades para todos, y que demuestre en el entorno internacional lo que somos.

Y el presidente electo deberá ser muy cuidadoso de construir los puentes de comunicación con todos, con tirios y troyanos, y sentarse con priístas, panistas, verdes, amarillos y naranjas. Con todos. Deberá construir un gobierno incluyente, que sume y multiplique y no que divida y reste, porque esta última es la formula perfecta para el desorden. Hay que limpiar la casa, si, y en esa limpieza todos debemos colaborar. Y sólo a partir de reconocer ese desorden, a partir de un diagnóstico correcto de la situación actual de nuestro México, es como se podrá generar la estrategia correcta. Y esa es responsabilidad del presidente López Obrador, porque para eso se le eligió el pasado primero de julio.

Hace unos días hubo un diferendo en donde el Gobernador electo de Jalisco, Enrique Alfaro, rechazaba la figura del Coordinador Estatal de la Presidencia de la República. Y hoy, nuevamente, el gobernador jalisciense insistió en rechazar al coordinador en Jalisco porque, subrayó, “no conozco ningún gobernador que necesite intermediarios para platicar con el presidente de la República”.

Y agregó: “Reitero mi disposición para colaborar y construir acuerdos con el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, y reitero mi disposición y compromiso para que en este estado se hagan valer los principios básicos de nuestra Constitución y del pacto federal. No es en ánimo ni de pleito ni de confrontación, al contrario, es dejar claro de una vez cómo tienen que ser las cosas. No estamos planteando nada nuevo. No conozco ningún gobernador que necesite intermediarios para platicar con el presidente de la República, nosotros platicaremos con él y los secretarios de Estado”, puntualizó. Y en esa tesitura debe de haber cantidad importante de gobernadores que apoyan el diálogo entre el mandatario mexicano y los gobernadores, independientemente de la filiación política o partidista. Y esa capacidad no debe perderse bajo ninguna circunstancia.

Y el diálogo debe existir entre el jefe del ejecutivo federal y los gobernadores de Jalisco, de Tamaulipas, del Estado de México, de Guanajuato. Del presidente con todos, independientemente de la figura del Coordinador. Esa es, como dicen en mi pueblo, harina de otro costal.

Sin diálogo no hay política. El diálogo es uno de los dos pilares sobre los cuales reposa la política. El otro pilar es el antagonismo. El antagonismo es a su vez la condición del diálogo. Sin antagonismo el diálogo es una simple con-versación (hacer versos juntos). Sin diálogo el antagonismo es simple violencia física.

El diálogo, lo dice la palabra, es el logos, el conocimiento entre dos, es decir, cuando dos personas o partes se juntan para llegar a un conocimiento compartido. Por lo mismo el diálogo político es polémico. Su función principal no es disolver las contradicciones sino esclarecerlas.

Y en esa tesitura, el presidente de México es libre de aplicar cualquier estrategia que considere para el cumplimiento de los objetivos de mantener la gobernabilidad y la gobernanza. Pero de ahí a perder la capacidad de dialogo con los gobernadores de los estados, me parece que dicho potencial no solamente no debe desaparecer bajo ninguna circunstancia, sino que, por el contrario. Este debe fortalecerse en bien del país y de los mexicanos.

En el camino vamos a ver si el diálogo se fortalece o se disminuye. Pero yo pienso que se va a fortalecer, directo, entre las partes, porque sin diálogo va a estar difícil lograr los objetivos. Y ahora sí, México ya no puede esperar más.

PD. 1. Y hablando de diálogo del presidente López Obrador, esta tarde se reunirá en Palacio Nacional con el presidente saliente Enrique Peña Nieto. Simplemente que ahora si se asegura que será una reunión de trabajo y ya no otra visita de cortesía. La cita será a las 18:00 horas de este jueves.

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