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Otra luz en el camino

Otra luz en el camino

ANECDOTARIO.
POR JAVIER ROSALES ORTIZ.

El me lo pidió y, por eso lo hago.

Pero yo antes, ya se me movía en la cabeza y en el corazón que es justo citar a quien honor merece, por eso ya relajado escribo lo que sigue.

A sus 82 años de edad y casi a la mitad del oscuro camino que nadie quiere pisar, regreso con nosotros más mimoso, más cariñoso y, sobre todo con un semblante distinto al que se había desintegrado con el paso de los meses.

Y, cómo no, si sus padecimientos cardiacos y de presión se habían multiplicado, pero Dios nos hablo al oído y en pocas palabras nos dijo que la tabla de salvación se llama IMSS.

El fue el que nos guío hacia los terrenos de La Loma en Ciudad Victoria, Tamaulipas, donde la atención que recibió fue de primera, por ello el IMSS es una institución que merece flores sin espinas, que merece que con letras enormes se escriban las palabras de agradecimiento.

Pero, por lo delicado de sus padecimientos, fue trasladado a la Unidad Médica de Alta Especialidad Hospital de Cardiología número 34 en Monterrey, Nuevo León, el que con gusto le abrió sus puertas y lo tomo entre sus brazos para rescatarlo de esas manos huesudas con uñas largas que se pueden visualizar con una tenue luz.

Era el último recurso, porque en tres ocasiones anteriores él se había sacudido la presencia de esa indeseable flaca que nadie quiere conocer.

Ya en el lugar –en el hospital- él sintió el abrigo de un personal tan profesional, tan serio y tan dedicado que lo dejo con la boca abierta y con una sensación de que Dios no se equivoco cuando lo empujo hacia ese sitio que tiene por regla salvar vidas.

Quienes laboran en ese hospital no se andan por las ramas con pretextos o trámites burocráticos, no, hacen suyo el caso y entran en acción porque su formación así se los exige.

Médicos, enfermeras y camilleros corrían de un lado a otro y con esa carita bondadosa que los distingue metieron mano y se pusieron rápido del lado de aquel y de aquellos que gritan “auxilio”.

Y él, sorprendido, probó lo que es la calidad en la atención médica y esa inyección que además de antibióticos contiene, confianza.

Unos se iban y otros venían, por eso nunca no se sintió solo y eso hizo que alimentara sus ganas de permanecer aquí, junto a nosotros, como parte del regalo que de Dios, recibió.

Basta con girar la cabeza y echar un vistazo hacia los pacientes que son sus vecinos de cama para comprobar que sus familiares se deshacen en

sinceras palabras de agradecimiento para ese personal de la Clínica 34 que no están en ese lugar solo por necesidad, sino porque combinan su nobleza con las palabras linaje, perfección y pedigrí que le dan forma a la calidad en materia de atención médica.

Y, cómo no va ser así, si es una institución que por segunda ocasión fue galardonada con el Premio Iberoamericano de Calidad, algo que se dice en cuatro palabras, pero que significa mucho más.

Porque está conformada por mil 400 colaboradores y donde se practican diez cirugías cardiovasculares diarias a lo largo de los 365 días del año,

Por ello va el agradecimiento de él para la Directora de la Unidad Médica Beatriz Maldonado Almaraz, para el Director Administrativo Eduardo Rangel García, para la Cardióloga Eva del Carmen Palacios García, para la Doctora Coral Serrano Arroyo, para las Enfermeras del sexto piso, Abril González, Daniela Cantú y Nancy Beltrán, y para el camillero Marco Antonio Alvarado, porque su calidad, se impuso.

Y para mi padre, JAVIER ROSALES LUGO, sobreviviente por esta cuarta ocasión, es justo gritar a los cuatro vientos: MIL GRACIAS.

Y yo, que estuve cerca, me sumo además, con un fuerte aplauso.

Correo electrónico: [email protected]

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