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Créditos para transporte: ¿no llenan?

Créditos para transporte: ¿no llenan?

Hay noticias que llaman poderosamente la atención por su trascendencia, por su importancia y cercanía, por su majestuosidad, su relevancia, así como otros factores llamados “de interés periodístico” según los estudiosos de esta profesión a la que nos hemos dedicado por casi 45 años, y que nos permite conocer una realidad muy diversificada del México nuestro, y específicamente, del Tamaulipas hermoso que nos permite ser arte de él.

Sin embargo, hay otras notas que realmente nos asombran por su inverosimilitud, por su forma tan absurda de manejo o por lo que se ha dicho en alguna ocasión, ,sea de un funcionario, figura, personaje o ciudadano común y corriente, aunque muchas veces es más corriente que común.

Un colega nuestro refiere que los transportistas de la zona conurbada de la entidad piden crédito al gobierno para comprar unidades y dignificar un servicio que, allá y en todo el estado es denigrante, humillante, peligroso y más.

Recordamos inmediatamente lso años ochentas, cuando aquel viejo lobo llamado Alejandro Flores Camargo, por un lado, y por otro don César Joch tenían intereses con los primeros “peseros” que surgen en la capital tamaulipeca y logran, luego de haber trabajado con vetustos inmuebles, créditos par comprar lo que hoy se llama pomposamente “microbuses”, y que poco a poco se han convertido en ataúdes rodantes, por sus condiciones físicas, por sus conductores, por sus nexos ilegales y porque hacen, en pocas palabras, lo que les da la gana, menos respetar al usuario.

Y pensamos mucho en que los créditos que les dieron en aquel entonces a los dirigidos por Flores Camargo y Joch se utilizaron para mejorar la flotila; antes, viejas camionetas de procedencia americana, es decir, de contrabando, eran las que recorrían la ciudad: posteriormente entraron los micros que hoy en día están cayéndose de viejos y destartalados, y los propietarios y concesionarios acusan al gobierno municipal de esta situación, porque culpan a la mala calidad de las calles de que sus unidades estén cayéndose en pedazos.

No es culpa de que tengan más de 10 años de pésimo uso, de que sus choferes sean auténticos “kamikazes” para manejar y pongan en riesgo la vida de todos y los que circulamos en nuestros vehículos cerca de ellos.

Piden dinero público para mejorar sus negocios personales.

Si bien es cierto que falta un transporte digno y es obligación de la autoridad pugnar porque lo tengamos, nada dice la ley de mantener a individuos que quieren incursionar o seguir en el negocio del transporte público, a costa de un crédito que, como muchos de los que gestionaron Flores y Joch, nunca se pagaron.

Hubo vivales que agarraron la lana, compraron su mico y se embolsaron las ganancias, dejando el mantenimiento para “nunca jamás”.

Lo que ganan a diario no solo es para que coman sus familias, sino para mantener el negocio.

Los que tienen tienda compran todos los días insumos para revender; quien tiene tortillería compra Maseca para ofrecernos el producto. Otros, compran herramientas para trabajar, y estos cuates quieren que les den dinero para mejorar y no pagarlo nunca, argumentando una difícil situación económica, que no dudamos que exista, pero la verdad es que no tenemos por qué pagar las unidades para ellos.

Piden aumentos, no respetan tarifas de estudiantes, manejan drogados o alcoholizados o enojados -no todos- no respetan la ley de Tránsito, no usan licencias de manejar, pero quieren que el Ayuntamiento les pavimente las calles que emplean para su trabajo, y que el gobierno estatal les pague los micros.

¡Qué padre! Así hasta nosotros queremos un negocito.

No, no es así: que les ayuden a gestionar créditos con la banca comercial como a todos, que los banqueros no sean tan usureros y no quieran recuperarse con un cliente, y ellos, que sean responsables para manejar, para mantener el negocio vivo… y para respetar a los usuarios, que merecemos un transporte digno de una ciudad del nuevo milenio.

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