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¿Reforma educativa?

¿Reforma educativa?

En el México mentiroso, el de los servidores públicos, hay dos formas de medir las cosas, y una de ellas es el extremo populismo como el que vivimos hoy en día y que, lejos de la legalidad, está ya gobernando al país, porque nadie nos tragamos la idea de que las reuniones y decisiones del gobierno de la llamada “Cuarta Transformación” son parte de un gobierno que está tomando decisiones a cambio de una enorme dosis de impunidad.

En el aspecto educativo, muchos profesores están contentos porque los engañaron diciendo que quitarán la reforma educativa, lo cual no es aún oficial y tendría que suceder una serie de acontecimientos para ello. No es solo porque a los abusivos de la aplanadora morenista se les ocurrió.

Sería o hubiera sido muy interesante que al menos uno de estos “servidores” -del verbo servirse, abusar- tuviera experiencia docente y supiera qué están tratando de quitar.

Bien dicen algunos colegas que en la reforma, al profesor que demuestra no saber se le dan hasta tres oportunidades de demostrar su capacidad; en caso de no hacerlo, NUNCA se le da de baja, solo que se le separa de un puesto para el que no está capacitado.

Es como un médico: ¿Le gustaría que lo operara un individuo sin el conocimiento para intervenir quirúrgicamente?

Es lo mismo: estos profesionistas intervienen “quirúrgicamente” en la mente de nuestros hijos: los forman en sus inicios académicos e investigadores, y la falta de capacidad de una gran mayoría de inconformes y renegados ha orillado que tengamos generaciones que no saben leer, no saben estudiar, redactar, que esperan que se les dicte todo porque no son capaces de hilar dos conceptos por iniciativa propia.

Los yerros que se reflejan en las universidades son producto de una mala raíz educativa: no les enseñaron qué son las reglas ortográficas y gramaticales, y por eso escriben como vemos en redes sociales, y por ello, han incrementado la cultura del “copy-paste”, es decir, copiar y pegar en documentos, plagiando lo que otros hicieron.

¡Y todavía tienen el descaro de afirmar que es una reforma punitiva!

Se acostumbraron a los vicios que impuso un sindicato caduco con una lideresa caduca y corrupta que negocio con las plazas docentes, entregando a sus incondicionales las mejores y más bien pagadas.

Algunos que presentaron la evaluación y pasaron muy bien, se preguntan si les respetarán el incremento que les prometieron en caso de aprobar.

La reforma educativa tiene cosas muy buenas, y a México le urge levantar su nivel académico: estamos mal, muy mal hoy en día, y nos hemos llenado de gente con una “titulitis” impresionante, gracias a la facilidad para conseguir grados de maestría y doctorado, que ya no son lo que eran, y que se entregan a diestra y siniestra con un poco de criterio académico, y mucho de afectivo y político.

Imaginemos que uno de esos maestros o doctores “patito” nos represente en algún evento, o se haga cargo de la educación de los nuestros: ¿cómo lo tomaríamos? Seguramente no estaríamos a gusto, pero sí queremos que quiten evaluaciones.

Nos pronunciamos porque haya certificaciones en todas las profesiones y niveles, para que México salga de ese mar de mediocridad en que nos hemos sumido.

Seguramente, si hubiera mayor capacidad, no habría tanto analfabeta político en el Congreso como hoy en día, y no echarían mano las mafias políticas de. Actorcillos, futbolistas y hasta presuntas teiboleras. Podrían dignificar una profesión que tiene como objetivo dirigir a una nación como la nuestra.

¿O es mucho pedir el exigir que estén preparados con un mínimo para ejercer?

Y eso debe aplicar en todos niveles, profesiones y sectores. Agregando que hace falta meter orden en las universidades.

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