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Cuando se pierde el “toque” …

Cuando se pierde el “toque” …

Una visita al centro comercial Plaza Campestre movió una serie de pensamiento sy reflexiones, a partir de un menú oriental.

El columnista pidió un plato en un restaurante oriental, pensando que era lo de siempre: ese sabroso guiso condimentado y con mucha, pero mucha verdura, y cual fue la sorpresa que el toque oriental -chino, japonés, cantonés o de donde sea- se ha perdido, en detrimento de quienes nos acercamos curiosos o esperanzados.

El arroz ya no es arroz oriental: ahora preparan una cosa “masuda” que más parece arroz a la mexicana o engrudo, y no ese fino y delicioso arroz que no tenía más chiste que prepararse adecuadamente: el pollo almendrado ya no tiene almendra, y en la mayoría de los platos, si checa bien, llevará dos o tres pedacitos de pollo, es decir, quién sabe qué será. Así el Chop Suey que tiene prácticamente pura soya germinada y nada de carnes que le acompañan.

¿Qué tiene que ver lo anterior?

Bueno, en la política llegan candidatos y grupos de cualquier corriente y nos dicen muchas cosas: en algunos casos, dejan las tradicionales gorras, camisetas y despensas que no pueden faltar, sin embargo, nadie se queja cuando llegan al poder y se olvidan de sus promesas, s decir, pierden ese toque que los llevó a ganar, a ser lo que ahora son, y quienes padecemos las consecuencias somos nosotros mismos.

Vemos, por ejemplo, la serie de declaraciones en torno a las decisiones del presidente López Obrador, a favor y en contra, y criticando a la caterva de vividores que llevó a las Cámaras para ufanarse que pueden hacer con la ley lo que quieran porque son ellos los que mandan ahora.

Se equivocaron los “legisladores”, ¿O nos equivocaos los electores? Tenemos un grupo de personas que sumisamente rinden pleitesía a su presidente olvidando la separación de poderes, y cuando hay “línea”, es decir, orden de AMLO de hacer o aprobar tal cosa, no permiten que nadie intervenga, y es cuando nos preguntamos en donde quedó ese “toque” político que les hizo ganar tantos votos.

Pero así están los de todos los partidos, no crea que nada más los “morenos”.

Hemos visto, una a una, las promesas incumplidas de muchos gobernantes que dijeron una cosa y cuando llegaron se dedicaron, en primera instancia, a vengarse de quienes estaban antes que ellos, olvidando el por qué llegaron y para qué.

Es importante que alguien les diga y los haga entender que no son dioses: que son seres humanos tan comunes y corrientes -a veces más corrientes que comunes- y que no son absolutos en sus decisiones.

Deben entender que el dinero de los municipios, estados y Federación es de todos, es público y no de ellos, y aplicarlo en las obras que realmente necesite la población, o distribuirlo en la manera más equitativa posible.

Hay programas oficiales que no funcionan o están a medio andar por falta de apoyos económicos, y no se puede mentir a la ciudadanía. No es por ahí, porque luego sucede lo que estamos viviendo.

Mucho hay que hacer en los tres niveles de gobierno, y cuando vemos letreros que anuncian que tal gobierno hizo tal obra, pensamos en que a los ciudadanos nos importa poco quién haga las cosas, pero queremos que se cumpla con lo básico que es seguridad, salud, educación, infraestructura y servicios públicos.

Y que podamos mantener las fuentes laborales, tan perseguidas últimamente y que se requieren para tener estabilidad en los hogares de quien disfruta de esa bendición.

En resumen: necesitan recuperar su toque de popularidad, ser otra vez aquellos humildes personajes que pugnaban por encontrar mejoras para todos, y en definitiva, bajarse del ladrillo, porque éste marea… y mucho.

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