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Golpe de… ¿Autoridad?

Golpe de… ¿Autoridad?

Cuando uno es víctima de un evento de inseguridad, difícilmente nos convencen de que vivimos en un estado tranquilo y de derecho, donde impera la ley; los seres humanos tendemos a generalizar, y somos muy proclives a magnificar las cosas negativas por sobre las positivas que pueden ser muchísimas más: siempre sobresale lo malo, y es algo que nos persigue toda la vida.

Y también somos muy afectos a exigir justicia, seguridad, tranquilidad y todas esas cosas que tienen que ver con una vida tranquila, pacífica, que todos merecemos y por diversos motivos no hemos podido disfrutar o tener siquiera.

Vemos los grandes movimientos que hacen autoridades de todos niveles por dotarnos de seguridad, y también con profunda tristeza sabemos de casos en que representantes de cuerpos de seguridad están involucrados en actos delictivos y que, lejos de darnos tranquilidad, son los actores principales de la violencia que padecemos.,

El caso más mediático fue el de los dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey, alumnos de excelencia que, después de 9 años se reconoció nada extraordinario, solamente que eran muy buenos alumnos, seres humanos tranquilos,. Y que la autoridad nos mintió en aras de justificarse, y los tacharon de todo lo más malo que pudiera haber existido.

Los estudiantes fueron vilipendiados por la autoridad, la que supuestamente debe garantizarnos tranquilidad, y eso se repite muchas veces, cuando vemos que somos difamados por quienes se encargan del orden.

No quiere decir lo anterior que siempre sean acusadores sin fundamento o extorsionadores. Los hay muy buenos y capaces de ser lo que todos esperamos de ellos, e inclusive hemos visto la forma en que los denigra la gente, insultando y amenazando con cesarlos, correrlos y demás.

Recientemente fuimos testigos de la condonación de una falta de tránsito que fue ordenada por el alto mando municipal, y luego un vulgar “post” donde justifican su acción, en una clara muestra del tradicional abuso de autoridad que permea en la capital tamaulipeca.

Pero todos queremos que haya justicia en los comentarios y acciones de los cuerpos de seguridad. Es indispensable que tengan todo el apoyo ciudadano y que no los tratamos como hampones que solamente están esperando a jorobar al ciudadano como sucede con los agentes de tránsito que, en sus veloces motocicletas se resguardan en un cobarde anonimato en el Boulevard para “cazar” a quien vaya a más de 50 kilómetros por hora, cuando el tráfico de la ciudad requiere de una presencia más honesta y más justa.

Podrían, por ejemplo, ordenar los estacionamientos que prepotentemente se autorizan los funcionarios frente a sus oficinas, en un alarde de abuso y falta cívica.

Pero no. Queremos que nos respeten, y que si hemos cometido una infracción o una falta cívica que se nos otorgue la consecuencia necesaria y legal: si es multa, consignación o lo que sea, porque todos sabemos cuando infringimos la ley, y sil hacemos cara de interrogación y argumentamos no saberlo, es más grave, porque manejar sin conocer la ley es peor.

Lo malo es que contamos con autoridades que no nos garantizan el seguimiento de una queja en ese sentido, y siempre dan la razón a la autoridad; insistimos en que muchas veces argumentamos con mentiras un mal trato, pero ya no podemos estar ciertos de que se aplica la ley correspondiente.

Sería necesario que las autoridades, iniciando por quien baila en lugar de gobernar, hasta el propio presidente de México entendieran la urgencia que tenemos de contar con las autoridades en todos sus niveles y de confiar en ellos.

Como que ya es hora de exigir a los elementos diversos la aplicación honesta y responsable de la ley, al cien por ciento, y de una manera en que no solo acatemos las medidas consecuentes, sino que reconozcamos su labor y la apoyemos de diversas formas, siendo la principal el darles nuestra confianza.

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