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Periodistas decapitados

Periodistas decapitados

La circunstancia obliga ya a hablar y, escribir.

Y es que hablar y escribir sobre el periodismo, no es un juego.

Ellos, los corresponsales internacionales, se han ganado un lugar, se han cotizado y han dejado parte de su vida en una labor que se adereza con el peligro a cada paso, con la mala cara y ahora con la injusticia laboral.

Y hablo y escribo porque estuve adentro y sin querer queriendo devoré lo que existió en la agencia NOTIMEX en los años 80 cuando figuré como editor del turno nocturno en la mesa de internacionales, donde pasaba por mis manos el rico material que desde algún país del mundo surtían los corresponsales.

Ahora, en mis manos, tengo algo distinto y me pone nervioso y, cómo no, si se trata de una carta que 20 corresponsales le enviaron al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que huele como a un cuidadoso reclamo.

En pocas palabras se quejan de la falta de pago de su salario desde enero pasado, de la no renovación del contrato y de los males que los aquejan en cuanto a la atención medica en un país que no es el suyo.

Así de simple, ellos están casi en la calle y no merecen que los mexicanos les den la espalda y que se muestren indiferentes frente al dolor que azota a nuestros hermanos en lugares como Brasil, El Vaticano, Colombia, Argentina, Guatemala y Venezuela, entre otros.

Esto me mueve hoy a actualizar los recuerdos de las vivencias en la redacción NOTIMEX y de aquellos encuentros que sostuve con Don Pedro Ferríz Santacruz, entonces director de la agencia gubernamental, quien se refería en especial al trabajo de los corresponsales internacionales y hacia a un lado lo que tiene que ver con los Ufos, que siempre fueron su gran pasión.

Regordete, bigotón y muy sonriente, Don Pedro se llenaba la boca para valorar el trabajo de los experimentados corresponsales, de sus primicias y de la justicia que se hacia seguido para ajustar mejor sus salarios.

Casi siempre me preguntaba por uno y por otro y me pedía que tuviera cuidado porque tan solo una palabra mal empleada pone en peligro la relación de México con algún país, sobre todo con aquellos en los que la guerra era el pan de cada día.

El hacia lo posible, pero algunos corresponsales que traté vía telefónica comentaban que el salario no era suficiente y que el peligro les pesaba en la espalda.

Y ver en otro escrito el nombre de Olga Borobio, corresponsal en Alemania, duele, y mucho, porque se trata de una periodista con la que conviví en el Distrito Federal y quien se fijo en mi, en un modesto provinciano, para fabricar un programa televisivo llamado “Temas del mundo”.

Ella, transpira pura calidad, al grado que se le ubica a la altura de las mejores periodistas televisivas europeas.

Y hay otros nombres de comunicadores perjudicados que conozco, algunos egresados de la UNAM, a quienes desde este espacio les digo que no están solos, porque les redes y algunos medios de México y el extranjero han hecho suyo este caso tan arbitrario.

No entiendo porqué Epigmenio Ibarra, ex corresponsal de guerra en El Salvador de la agencia NOTIMEX, no le amarra las manos al presidente, para evitar que perjudique a quienes compartieron con él esta peligrosa, pero bella, profesión.

Son periodistas que han trabajado para esa agencia del gobierno entre 8 y 35 años y, eso, seguro que Epigmenio, lo sabe bien.

El, puede meter mano, porque le manejo la imagen a López Obrador en su campaña.

Se nota que al presidente poco le importa lo que se murmura en el extranjero sobre su comportamiento con los hermanos comunicadores y, eso, puede traer consecuencias también para la población mexicana.

Animo colegas, llegara pronto el día en que le jalen las orejas a su verdugo.

El pueblo lo va a frenar, porque ustedes han demostrado.

Que el respeto, se lo merecen.

Correo electrónico: [email protected]

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