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Así se consiguieron ver fotografías porno en internet por primera vez

Así se consiguieron ver fotografías porno en internet por primera vez

Estos códigos numéricos se utilizaron para reconstruir imágenes que derivaron inevitablemente en el primer material pornográfico de la red

España.- La expresión artística de la sexualidad humana ha sido una constante desde los albores de la humanidad. Con cada nuevo desarrollo tecnológico surgen diferentes formas de representar nuestros fetiches sexuales, algunas más sutiles que otras. Hace 11.000 años, el paradigma sería la escultura conocida como los amantes de la cueva de Ain Sajri –en la actual Palestina- tallada con un guijarro de calcita de cobre. En el siglo XX, era porno diseñado con números, literalmente. Se trata del código ASCII -pronunciado áski-, un lenguaje de programación primitivo originalmente diseñado para mejorar el telégrafo.

ASCII responde a las siglas de American Standard Code for Information Interchange (Código Estándar Estadounidense para el Intercambio de Información). El sistema nació en Estados Unidos con la idea de usar números para representar texto. Se desarrolló entre 1963 y 1967 en Bell Labs, uno de los centros de innovación tecnológica más importantes de este país durante el siglo XX.

Los caracteres que ASCII representa no se limitan a las letras del alfabeto latino: la idea es que el sistema fuese capaz de traducir incluso signos de puntuación o de exclamación. Cada letra o símbolo se vinculaba a un código numérico que los ordenadores registraban en su memoria. Por ejemplo, la letra A mayúscula correspondía al código numérico 065.

A día de hoy, el sistema se emplea para codificar los emails o en conversiones de archivos. En la década de los 60, se convirtió en la primera fuente de pornografía de Internet, antes de la invención de la World Wide Web (estos dos términos no son sinónimos: la World Wide Web o web es un método de transferencia de hipertextos inventado en los 90 que emplea el propio Internet).

El consumo masivo de pornografía comenzó en los años 70 en las calles de Times Square en Nueva York, pero el acceso a un ordenador por parte del público estaba muy restringido y no se subió una imagen a la red hasta 1989. Sin embargo, mediante el ASCII se desarrolló esta manera rápida de crear contenido erótico en la red. Sus creadores o consumidores lo llamaban ASCII pr0n en lugar de porn o porno. Eso si es que llegaban a enterarse de que formaban parte de esta subcultura: muchos reconocen hoy en día que pensaban ser los creadores de este particular pasatiempo.

El porno con ASCII comenzó a popularizarse. Los usuarios compartían este particular arte a través de bulletin board systems o sistemas de tablones de anuncios: conexiones a la red a través de la línea telefónica en donde se podían consultar contenidos que colgasen otros participantes. Dado la incapacidad del sistema para subir archivos tal y como los conocemos hoy en día, los primeros internautas empezaron a jugar con el ASCII y a desarrollar imágenes pornográficas. Los bbs eran la prehistoria de los foros actuales, los cuales hoy en día aún conservan nostálgicos hilos sobre el porno de los sesenta como éste de Reddit.

El porno ASCII evolucionó en la siguientes décadas, con una actualización del sistema de códigos a PETSCII: una variación de los caracteres en las consolas de 8-bit popularizadas en los 80. En este momento aparecieron los primeros videojuegos eróticos antes de que el sistema comenzase a morir.

Las creaciones realizadas con ASCII hoy representa cierto valor para las instituciones culturales. Vuk Ćosić es un artista esloveno a quien se le considera miembro de la ola del net.art. Se trata de un grupo o una corriente exclusiva de la década de los 90 que trabajaba con este medio y cuyo arte no puede entenderse sin el uso de Internet. Ćosić reinterpretó la película porno más famosa de la historia en ASCII, Garganta profunda, renombrada en la copia como Deep ASCII. El creador reprodujo los 55 minutos del metraje sin sonido y la estrenó en 1998. Hoy se muestra en exposiciones de instituciones como la Universidad de Berkeley, como hace el Museo Británico con los amantes de la cueva de Ain Sajr. El arte, por suerte, no tiene fronteras.

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