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Influyentismo latente

Influyentismo latente

Para Jesús Rafael Mouret López, el influyentismo fue descubierto con las actitudes de la regidora Marisela Guajardo, al acusar el primero, quien funge como director de tránsito en el Ayuntamiento de Victoria, a la segunda de pedirle un favor para que los agentes de esa corporación no se llevaran un vehículo.

¡Vaya sorpresa!

Encontramos a una corporación de agentes perfectamente dirigida, con un código de ética y honestidad que se desarrolla en cada una de sus acciones, y que permite a la ciudadanía confiar en que sus autoridades son honorables.

Encontramos también que son incorruptibles, y ante el embate de una funcionaria de otro partido, distinto al que gobierna, hace un señalamiento solicitando una “atención” -así lo llaman- ellos, indignados demandan, denuncian y solicitan honestidad.

Se olvidó Mouret López que forma parte de una administración municipal calificada como al peor de toda la historia, y no solamente por la ineficiencia de su titular, sino porque los resultados en prácticamente todas las áreas son malos.

¡Vaya! Cuando usted o nosotros vemos en el Boulevard apostados a los agentes de tránsito acechando como viles rufianes a los automovilistas, ¿eso sí es digno de la corporación? O cuando nos piden dinero para dejarnos ir, o cuando en forma por demás zalamera ponen sus rodillas en el piso ante la autoridad municipal, en un acto de servilismo que raya en la ilegalidad, en momentos en que cierran calles arbitrariamente sin tener fundamento legal, o porque apartan todo el frente de l acalle de la presidencia municipal para sus funcionarios y jefes.

¿Eso es digno?

Históricamente, la gente habla mal de los “tránsitos”, como se les conoce, y sobre todo en los últimos días, cuando dice el pueblo -los rumores citadinos, pues- que ya andan pensando en el aguinaldo y traen más hambre, porque ahora quieren parara todos por cualquier cosa, haciendo campañas contra motociclistas y dejando a un lado camionetas sin placas, polarizadas o con placas americanas, lo que es ilegal y debiera castigarse.

Pero Mouret se indignó ante la petición de la regidora, y despotricó contra el influyentismo que sabemos, sobre todo en Victoria, existe y se desarrolla en todas las áreas.

No tiene la capacidad de poner orden en una sucia, maloliente y desequilibrada calle Hidalgo, donde cada uno se estaciona donde quiere y no hay orden.

Tampoco tiene carácter para meter en cintura a los irresponsables padres de familia de las escuelas y cumplir con su labor, argumentando que los señores nunca hacen caso y propiciando los caóticos momentos de salida de clases.

Cierto, no tiene razón la regidora, y la ley debiera aplicarse indistintamente, pero hemos de ser sinceros y reconocer que los funcionarios municipales que nos cargamos son un dechado de infracciones y hacen lo que se les viene en gana, sin que los agentes pongan orden.

O vea que alguna camionetota se estaciona enfrente de la Presidencia Municipal, y no hacen nada por aplicar la ley, por temor a que sea amigo de su patrón y los castiguen, porque así se las gastan.

Se equivocó el director de Tránsito, pero qué bueno que se da cuenta que en Victoria hay influyentes y todo mundo conocemos a alguien. Se ha dado cuenta que no es fácil aplicar la ley, menos para los más fuertes y sí con los más débiles, aunque sean permisivos con los que circulan en autos ilegales.

Ya es ganancia que Mouret López se haya percatado que hay amigos del alcalde y sus colaboradores, y qué bueno que quiera aplicar la ley, aunque para ello tenga distintos raseros, según el color del funcionario y la talla del amigo en cuestión.

Comentarios: columna.entre.nos@gmail.com

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