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Entre Nos … Un padre como todos

Entre Nos … Un padre como todos

Por Carlos Santamaría Ochoa

Este domingo en México y algunas otras partes del mundo se celebró el Día del Padre, y para mucha gente es importante el recibir el reconocimiento de propios y extraños.

No podemos negar que una llamada hace la diferencia: cambia la mentalidad, el sentimiento y todo lo que llevamos dentro, más, cuando se trata de ese ser que viste desde recién nacido y le prodigaste todo tipo de cuidados, cariño y amor, en la medida que tu conciencia te lo dictaba.

No podemos asegurar que se haya hecho lo correcto: no hay un medidor de afectos, atenciones y demás: todos los que experimentamos la maravillosa oportunidad de ser padres sabemos que aprendemos sobre la marcha, con lo que hacemos y dejamos de hacer, o como dirían los expertos: a prueba de acierto y error.

Y son los hijos los que reciben ese resultado. En una ocasión, cuando vivimos uno de esos momentos difíciles con los hijos, dijimos: “no seas tan duro conmigo: aprendí a ser padre al mismo tiempo que tú aprendiste a ser hijo, y mis errores como tal siempre han ido acompañados de una amorosa voluntad de agradar”.

Porque quien se precie de ser padre no tiene sentimientos negativos para con sus hijos, y eso lo tenemos muy claro. Cedemos en muchas ocasiones, pero lo hacemos igual, por el amor que les tenemos.

No somos los padres infalibles como los pequeños nos ven: tenemos errores y dificultades, malos momentos y carácter difícil en ocasiones que explota en forma injustificada, pero normal para un ser humano vivo.

Hemos aprendido algo de la paternidad con la experiencia de quien nos entregó sus mejores años para la formación, consejo y afecto: Alejandro, el padre que Dios envió a nuestra existencia para formarnos y ayudarnos a crecer para, luego, ser nosotros la guía de esos pequeños que llegaron para ser parte de lo que llamamos familia y no deja de ser el milagro más maravilloso de nuestra existencia.

Aún a distancia, la paternidad la hemos recibido de arriba hacia abajo y abajo hacia arriba, es decir, de papá y de los hijos que nos enseñan a trabajar para pulir las fallas y encontrar en nosotros al “padre ideal” que quisiéramos ser, aunque, sabemos, hay muchas fallas en el camino y aspectos que tenemos que mejorar.

Pero por duras que sean las pruebas en el camino, la paternidad es quizá el mejor regalo que hemos disfrutado en la vida, porque ver a esos seres que permanecen en nuestro corazón, comprender lo que son y lo que hacen, formar parte de su existencia y fomentar en ellos lo que pensamos son sentimientos prudentes y positivos, es una de las maravillosas tareas que tenemos y que no quisiéramos dejar nunca en esta vida pasajera pero fructífera.

Y suponemos que tiene mucho que ver el que nos haya alguien ayudado a ser lo que somos, es decir, haber aprendido como hijos muchas cosas, sentimos que nos  ha servido para ser los padres que hoy somos: con defectos y virtudes pero con todo el amor del mundo.

Esa llamada temprana que hemos recibido cambió mucho nuestra existencia dominical, y ha logrado arrancar un pensamiento de agradecimiento al Dios que sabemos existe, y que nos demuestra su bondad en todo momento.

Cuando la vida nos regaló el motivo para agradecer la paternidad, nos sentimos los seres más afortunados del mundo; doce años después llegó ese amoroso y tierno motivo que inundó la existencia de amor y cosas divinas para, dos años después, recibir el tercer regalo del Ser Supremo que nos hace pensar en que ser padre es el mejor regalo: tres tesoros, tres regalos, tres compromisos, tres motivos para seguir trabajando en nosotros mismos para mejorar, para ser ejemplo, apoyo y todo lo que se pueda necesitar.

Tres motivos en un Día del Padre especial, que agradecemos al Creador.

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